Estos son los prejuicios y barreras de los colombianos a la hora de adoptar un niño

Conozca las tres razones que impiden que 11.699 niños que se encuentran bajo la custodia del Instituto Colombiano de Bienestar familiar puedan disfrutar del derecho a tener una familia.

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8 de ene de 2013, 12:00 a. m.

Actualizado el 22 de abr de 2023, 08:26 p. m.

Conozca las tres razones que impiden que 11.699 niños que se encuentran bajo la custodia del Instituto Colombiano de Bienestar familiar puedan disfrutar del derecho a tener una familia.

La apertura de una investigación por parte de la Procuraduría en el mes de diciembre sobre las irregularidades locativas y administrativas en varias casas de adopción del país abre nuevos interrogantes sobre el panorama de adoptabilidad en Colombia y las dificultades que se encuentran a la hora de asignarle un hogar a un niño que lo necesita.De hecho, según las cifras más recientes del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, 11.699 niños que se encuentran bajo su amparo no han podido ser adoptados. De ellos 103 son del Valle, según el último reporte entregado por la regional Valle del Cauca, con corte a agosto de 2012. Entre las principales razones están: ser mayores de 8 años, tener alguna discapacidad o hacer parte de un grupo de hermanos que también estén en lista de adopción; en este último caso la primera opción es que la familia adoptante se haga cargo del grupo completo como lo dicta el protocolo de intervención de hermanos con adoptabilidad del Icbf. (Ver. Anexo 13) Según datos del Instituto, 8.541 menores no han podido ser adoptados por la primera causa, 667 por la segunda y 2.461 por la tercera razón.Como lo explica Agatha León, directora del Centro de Adopción Chiquitines que opera en Cali, “adoptar un niño en Colombia no es fácil. La edad, condiciones físicas y mentales y los prejuicios sociales son factores determinantes para que una pareja de colombianos acoja un hijo adoptivo en su hogar”.Esto se ve reflejado en las cifras, pues en el 2012 solo fueron adoptados 1.298 niños y adolescentes en todo el país. Del río Atrato a la sultana del ValleMichael Londoño nunca fue adoptado. Este chocoano, oriundo de Quibdó, huyó del maltrato físico y psicológico que sufría en su hogar a sus ocho años de edad. Cuando apenas era un niño se cansó de repetir la misma escena: un padrastro que le pagaba a él y a su madre.Las primeras tres noches fuera de su hogar transcurrieron en las calles de la capital del Chocó viviendo de la caridad. Luego, conoció a un comerciante, natural del corregimiento caleño de Montebello, a quien le suplicó que lo llevara con él. La respuesta inicial fue no, pues el hombre temía que lo acusaran de robarse el menor; sin embargo tras la insistencia del niño, el hombre accedió y se lo llevó a vivir con él y su familia.Michael había encontrado un nuevo hogar, comenzó a estudiar y vivía como un hijo más de esa familia. Sin embargo, la dicha sólo duró un año, pues la situación económica no permitía que su permanencia fuera más prolongada. El chocoano fue llevado al Icbf y asignado a un centro de protección, del que tuvo que ser trasladado por tener problemas con los demás menores. “Ellos me la empezaron a montar, y pues yo no me dejé” contó el joven sin entregar más detalles.A las diez años de edad tuvo su primer intento de adopción. El candidato para convertirse en su padre adoptivo era un hombre que vivía en Italia. Sin embargo, el proceso no tuvo un final feliz para Michael, pues ya era muy grande y su lugar fue ocupado por, hasta donde él recuerda, un niño más pequeño.A sus trece años, la adopción volvió a tocar la puerta de la vida de Michael. La abuela de la familia que lo había acogido en un principio, tomó la decisión de llevarlo a Alemania, donde ella residía. Para esto le pidió su hijo que lo adoptara. Sin embargo, el hombre que lo ayudó la primera vez no llegó a tiempo a la cita con el Icbf y el trámite no pudo realizarse.El chocoano vivió el resto de su infancia y adolescencia bajo la protección del Icbf, en la institución San José en Cali. Sus días en ese lugar, dice, “fueron buenos y malos, pero creo que tuve una buena infancia”. Durante su estancia en el instituto terminó sus estudios de primaria y bachillerato, luego se graduó como Auxiliar en joyería en el Sena.Su deseo era especializarse en esa área, pero debió abandonar los estudios faltándole dos semestres ya que no contaba con los recursos para continuar, pues al ser mayor de edad el Icbf le retiró la ayuda económica.El paso a la vida adulta e independiente de Michael estuvo guiado por la fundación D´futuros, única en su clase en el Valle del Cauca, que atiende a los jóvenes que egresan del Icbf al cumplir la mayoría de edad. Hoy, este joven de 21 años de edad, cuenta que su situación laboral es muy inestable. Vive solo en una pieza y sus días transcurren entre la búsqueda de trabajo, y su labor como voluntario en la fundación “para devolver lo que he aprendido”.El vínculo con el hogar que lo recibió en Montebello se mantiene intacto y en las temporadas decembrinas ayuda a quien él llama su papá con el negocio de la familia: vender lo que sea más rentable en cada temporada.¿Qué limita la adopción entre los colombianos?Adoptar un niño colombiano es mucho más ‘atractivo’ para un extranjero. En el 2012, 1.298 menores fueron dados en adopción, de ellos 719 fueron entregados a familias extranjeras y 579 a familias colombianas según el Icbf.Ángela María Robledo, representante a la Cámara y ponente del debate de control político: ‘Colombia entrega lo más preciado: sus niños y niñas’, afirma que el 60% de las adopciones terminan en hogares extranjeros.Y es que “los adoptantes colombianos prefieren adoptar niños de brazos para experimentar de alguna manera su nacimiento”, explica la psicóloga de adopciones del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, regional Valle del Cauca, Patricia Páez.Además, agrega la directora del centro de adopción Chiquitines, Agatha León, en Colombia la adopción se enfrenta con ciertas barreras de tipo cultural, que hace que los colombianos prefieran a los niños de brazos y sin ninguna limitación física o mental.De esta forma, pueden acercarse más a la posibilidad de tener un hijo que viva todos los ciclos de vida junto a ellos, que puedan cargarlos en sus brazos, y criarlos de cero como si fueran concebidos de forma natural. En ese orden de ideas, según León, adoptar a un niño con el que no se puede cumplir ese deseo llega a ser frustrante.La directora del centro de adopción dice que hay que superar lo que se conoce como el duelo de la infertilidad, ya que la mayoría de parejas que buscan un niño en adopción lo hacen porque no pudieron ser padres de manera biológica.Ante este panorama, Agatha León aclara que la adopción busca brindar una familia a un niño que la ha perdido y no suplir la necesidad de ser padres, pues prima el interés superior del menor. Sin embargo, el deseo de ser padres debe estar claro en la motivación de los candidatos a ser padres adoptivos.Los problemas físicos o la discapacidad son aspectos que no calan muy bien entre los adoptantes colombianos pues, como dice la psicóloga de adopciones de la regional Valle del Cauca del Icbf, Patricia Páez, "representa para los colombianos un limitante, todavía genera vergüenza y problemas de aceptación. Por lo que muchos buscan ‘niños perfectos’", afirma la funcionaria.Según Páez, a la hora de planear el tener un hijo, no se piensa en que esté enfermo o tenga alguna discapacidad, razón por la que los colombianos tienen ese paradigma a la hora de adoptar y no lo superan fácilmente.Sin embargo, la edad y la condición física, no son factores determinantes a la hora de adoptar para las familias extranjeras. Esto se debe, de acuerdo a la directora del centro de adopción Chiquitines, a que el proceso de adopciones en países europeos y Estados Unidos lleva un notorio adelanto comparado con Colombia que solo lleva aproximadamente 20 años marcados por un crecimiento de parejas que requieren niños en adopción.David* es uno de esos casos, donde la discapacidad no es una barrera fuera de Colombia. Este niño de nueve años fue adoptado en octubre del 2009 por una familia de siete estadounidenses, quienes aprendieron el lenguaje de señas para poder comunicarse con él, ya que sufre de hipoacusia o sordera.Para esa época se entregaron en adopción en la regional Valle del Cauca 114 niños, de los cuales 37 fueron dados a familias colombianas y 77 a extranjeras.¿Qué hacer ante esta realidad?Para la representante a la Cámara, Ángela María Robledo, esta situación es preocupante.Según cifras de la ponencia de Robledo, publicadas el 21 de agosto del 2012, el país se encuentra entre los siete países que más entregan niños en adopción internacional, después de Haití y Etiopía, según estudios de la Haya de 2010.Para la congresista, el Estado es responsable de estar en ese ‘ranking’ y debería formular políticas como las aplicadas por Guatemala, en donde se suspendió la adopción a Estados Unidos debido al creciente flujo de niños que eran llevados a ese país.El país centroamericano también descentralizó los comités de adopción, es decir que la declaratoria de adoptabilidad solo puede ser dada por la autoridad central. En el caso de Colombia sería el Icbf solamente y no como se hace actualmente donde las casas de adopción tienen total autonomía para hacer la declaratoria, es decir, determinar qué niño o niña puede ser adoptado o no.Robledo dice que en Colombia en promedio se han entregado 1.800 menores por año en adopción internacional mientras que un país como Brasil, con una población mucho más numerosa que la colombiana, realiza entre 400 y 500 adopciones de este tipo por año.Frente a la situación, Agatha León y Patricia Páez coinciden en que no se pueden hacer campañas o similares sobre la adopción ya que, según ellas equivaldría a comercializar los niños.¿Cómo garantizar los derechos de los niños?La adopción no es el único camino para los niños que han perdido de manera definitiva o temporal un vínculo con sus hogares biológicos. Existen tres medidas de protección para los menores que están en situaciones de riesgo (drogas, violencia intrafamiliar, etc).La primera de ellas es la que permite que el menor vuelva a su hogar, tras acuerdos con la familia y apoyo profesional por parte del Icbf; la segunda, son programas de atención especializados y la última medida es la adopción.La psicóloga Patricia Páez explica que todos los niños que ingresan al Icbf, lo hacen porque el instituto ha recibido una denuncia. Esta la puede presentar cualquier persona que sea testigo de una conducta que vulnere los derechos de los niños. La funcionaria también aclaró que los niños que se encuentran en proceso de adopción y que su edad se los permita, deben dar su consentimiento para ser adoptados.Otro aspecto importante es la asesoría de los profesionales del Icbf, ya que como dice Páez, permiten saber cuál es la situación del menor y ver la manera más adecuada de actuar. Menciona que por ejemplo, en el caso de recibir una denuncia en la que un grupo de hermanos son dejados solos, sí verifican que la madre lo hace porque trabaja y no cuenta con quien dejarlos, los niños serían vinculados a un externado.Esto quiere decir que los niños seguirían bajo la custodia de la madre, pero al terminar la jornada académica, no irán a su hogar, sino a una institución en el que la madre los podrá recoger luego de horario laboral. Con medidas como estas los menores pueden seguir en sus hogares, que es lo ideal de acuerdo a la ley, como lo explica Páez y se garantizan sus demás derechos, añade.*Nombre cambiado por protección al menor.

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