Cali
Terremoto en Cali dejó hogares destruidos y familias que aún no saben dónde vivir; estas son sus historias
El terremoto dejó viviendas destruidas y otras inhabitables. Mientras se evalúan las estructuras, familias como las de John, Freddy, Juan, David y Olga esperan saber si podrán regresar a sus casas.
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16 de ago de 2026, 11:06 a. m.
Actualizado el 16 de ago de 2026, 11:06 a. m.
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A John Edwin no le dio tiempo de sacar a su hija de la casa. Eran las 7:34 de la mañana del lunes cuando el terremoto comenzó a sacudir Cali.
Él estaba con su hija de 7 años en su vivienda en La Buitrera cuando las paredes comenzaron a caerse, el techo se movió y el piso crujió; además, observó cómo un televisor estuvo a punto de golpear a la niña en la cabeza.
En medio de la situación, no alcanzaron a salir; padre e hija tuvieron que refugiarse en una esquina de la casa mientras esperaban que acabara el movimiento.
“Eso fue muy duro, porque nos cogió en una pieza de la casa, no alcanzamos a salir”, recordó.
La pequeña está en el espectro autista, tiene dificultades de lenguaje y un déficit cognitivo moderado. Luego del terremoto, la familia pasó la noche en un albergue, pero lejos del espacio que la niña conocía, lo que la afectó inmensamente, ya que no está acostumbrada a vivir fuera del espacio que la ha visto crecer.
Por ello tuvieron que regresar a su territorio, pero eso no significó volver a casa, pues, según narró a El País, su vivienda quedó inhabitable.
John Ewin, afectado junto con su hija de 7 años por el terremotoQuienes quieran colaborarme, se pueden contactar conmigo en el número telefónico 3163785218 o acudir a La Buitrera, Cali, corregimiento El Rosario, kilómetro 8.5, diagonal a Baru Pizza Bar”.
John Edwin levantó un techo improvisado a un costado para permanecer cerca de sus pertenencias, ya que teme dejar sola la casa y que alguien se lleve lo poco que le quedó.
Además, según le informaron las autoridades tras una visita, la estructura presenta un riesgo ante la posibilidad de un nuevo sismo.
En Cali, 1400 estructuras han sido identificadas como afectadas por el terremoto.
De acuerdo con el informe presentado por la Alcaldía el pasado jueves, 89 de ellas presentan algún tipo de colapso; 46 se cayeron por completo y 43 parcialmente. Este número podría seguir aumentando mientras avanzan las verificaciones técnicas del terreno.
En Torres de Tequendama, en la Calle 9 con Carrera 46, la pregunta de cuándo regresar está en el aire, pues desde la vía se pueden ver las habitaciones de los apartamentos. Afuera del conjunto residencial, algunos vecinos esperan sentados con sus maletas y otros entran por turnos para rescatar documentos, ropa y elementos básicos.
Freddy Lasso es uno de ellos. La unidad residencial tiene dos bloques y la estructura que más sufrió quedó prácticamente destruida; la otra, en la que vivía, había recibido refuerzos estructurales después de un sismo anterior y permanece en mejores condiciones, pero sus habitantes tampoco están autorizados para regresar a sus viviendas mientras no se realice una evaluación exhaustiva.
“Es algo muy difícil, uno piensa que es el fin del mundo, pero Dios nos dio otra oportunidad”, dijo al recordar los momentos de terror que vivió el lunes pasado mientras se encontraba en su apartamento.
Su familia tuvo que buscar refugio con otros allegados, ya que durante los primeros días también enfrentaron la falta de agua y electricidad; a pesar de ello, Freddy pudo entrar una vez a su apartamento para sacar algunas pertenencias urgentes.

Ahora espera una respuesta técnica: “Solamente necesitamos que la Alcaldía mande la gente profesional, que evalúen los daños del inmueble”, dijo, agregando que agradece estar con vida, pues algunos vecinos que residían en el edificio Cantabria, justo detrás de su urbanización, quedaron sepultados tras el desplome del mismo en medio del movimiento telúrico.
Lo que viven los habitantes de Torres de Tequendama se repite en otras unidades residenciales de la capital vallecaucana.
Juan, nombre cambiado a petición suya, también salió de su vivienda con una maleta y la ropa que alcanzó a empacar.
Su unidad residencial en el barrio Limonar tiene tres torres, dos de quince pisos y la otra, la más afectada, de diez. Las tres quedaron con grandes grietas en apartamentos y fachadas; además, parte de la mampostería se cayó y algunos residentes resultaron heridos.
El conjunto quedó sin energía y fue necesario comenzar a cerrar los ductos de agua por fugas, por lo que las tres torres fueron evacuadas, ya que, por el momento, han sido declaradas inhabitables: “Todos tuvimos que salir el lunes con nuestras maletas, con nuestra ropa, lo poco que pudimos empacar”, cuenta Juan.
¿Cuándo podrán volver?
El limbo de no saber qué hacer es bien conocido por David Matos, ya que, aunque su apartamento, ubicado en un edificio sobre la Avenida Sexta, no se desplomó, no puede volver.
El lunes salió descalzo, luego regresó por unas chanclas y algo de ropa, pero el temor no le ha permitido sacar sus enseres, pues su vivienda tiene las paredes agrietadas y el piso inestable. Por eso pasó la primera noche donde unos amigos y ahora duerme en su lugar de trabajo, mientras consigue dónde vivir.

“Yo pensé que me iba a morir”, narra, al recordar los minutos de angustia que pasó intentando bajar las escaleras del segundo piso en el que habitaba, solo para darse cuenta de que olvidó las llaves de la reja de entrada, por lo que no podía salir.
A diferencia de Juan y Freddy, David y su pareja no tienen familiares en Cali, por lo que su situación es incierta.
Por ello, el trabajo de los ingenieros es una de las esferas más importantes. Para los damnificados, la Alcaldía informó que hay equipos de profesionales que evalúan las edificaciones afectadas y aquellas que fueron evacuadas preventivamente para saber cuáles pueden ser habitadas y cuáles representan niveles de riesgo.
Esa espera es más difícil cuando en casa hay personas que requieren cuidados especiales, como en el caso de Olga Castaño, quien vivía con su esposo y su madre, de 100 años, que no puede caminar.
Su apartamento no quedó destruido, pero sí sin agua, energía y gas, y todavía no ha sido evaluado para saber si es seguro regresar.
La evacuación fue una carrera contra el tiempo, pues Olga tuvo que buscar la manera, junto con una iglesia cristiana cercana, de que una cuadrilla de bomberos ayudara a bajar a su madre.
La primera noche durmieron juntas en una pequeña cama; luego la generosidad de sus conocidos les permitió conseguir una cama más grande que acondicionaron en la vivienda de uno de sus hijos, quien vive con su esposa y su suegra, que permanece hospitalizada por condiciones médicas previas a la emergencia.
A pesar de tener problemas en sus brazos, Olga continúa luchando para movilizar a su madre y poder atenderla sin su cama hospitalaria, pues afirmó que, aunque lograran alquilar una, no tendrían espacio en el apartamento que ahora comparte con la familia de su hijo para poder adecuarla.
En otros hogares, la discusión no es cuándo regresar, sino qué se puede rescatar. Arturo Ospino e Inés Orozco, ambos de 76 años, vivieron durante nueve años en un apartamento del barrio Primero de Mayo. El terremoto destruyó buena parte de la vivienda, pues las paredes cedieron y las habitaciones quedaron expuestas.
Ahora viven junto a una de sus hijas, pero regresan al apartamento una y otra vez para sacar lo que pueden: una nevera, la lavadora, el comedor y otros objetos que ya fueron guardados en un lugar seguro, pero todavía quedan pertenencias entre los escombros.
Para Arturo la pérdida ha sido muy dura, pues, dijo su hija Mónica, su padre, a quien difícilmente había visto llorar, tuvo un colapso nervioso cuando entendió que las cosas que había construido durante años no podrían recuperarse.
Además, la pareja vivía en la misma unidad residencial que su otra hija junto con sus nietos, quienes son la luz de sus ojos, y el estar lejos de los pequeños, quienes tuvieron que mudarse también por precaución, ha sido un golpe devastador.
Pero, a pesar de las dificultades, agradecen la nueva oportunidad de vida y a los caleños que han demostrado su solidaridad a cada paso. “Yo simplemente tengo agradecimiento por la reacción que ha tenido esta ciudad, por la reacción institucional, de todo el sistema de gestión de riesgos distritales y de los órganos de socorro impresionante”, dijo Mónica.
Afuera de esas viviendas, en distintos puntos de Cali se repite la misma escena: familias con maletas, vecinos esperando información y personas buscando dónde dormir, pero agradecidas porque, a pesar de las pérdidas materiales, conservan la vida.

Mientras los organismos de socorro continúan buscando sobrevivientes, los equipos técnicos avanzan en las evaluaciones. Hasta la mañana del pasado jueves se habían retirado 8236 toneladas de escombros y realizado 250 evaluaciones de daños y necesidades.
Para quienes perdieron su vivienda, la emergencia tiene otro reloj, y es ese que cuenta las horas que John lleva en un techo improvisado junto a su casa, los días que Freddy y sus vecinos de Torres de Tequendama esperan una evaluación, el tiempo que Juan lleva lejos de su apartamento y las jornadas que David duerme en su lugar de trabajo y las que Olga espera poder regresar con su madre a su apartamento y los días que Arturo e Inés llevan intentando sacar de entre los escombros los recuerdos de nueve años de su vida.
En la capital vallecaucana, el terremoto duró algo más de un minuto, pero para las familias que se quedaron sin casa, la espera apenas comienza.

Comunicadora social de la Universidad Santiago de Cali. He sido reportera en temas étnicos, tengo experiencia como periodista comercial y judicial. Disfruto la moda, las tendencias y soy apasionada por la lectura, el café y las buenas historias.










