Pese a la inseguridad y los trancones, el 82% de los caleños dice ser feliz

Pese a la inseguridad y los trancones, el 82% de los caleños dice ser feliz

Junio 26, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera reportera de I El país
Pese a la inseguridad y los trancones, el 82% de los caleños dice ser feliz

Una encuesta realizada por el diario el diario El País muestra que tan contentos están con sus vidas y su ciudad los habitantes de la ‘sucursal del cielo’ .Vea aquí todos los resultados.

No hay que esperar ir al reino de los cielos para conocer el paraíso. Ese sitio donde convergen la felicidad y la alegría, la hospitalidad con el visitante y la solidaridad con el vecino, caleños y caleñizados lo hallan en Cali. Allí donde el calor humano y el calor del trópico se unen, el brillo en las miradas de sus gentes es como el brillo del sol, el verde de una naturaleza exuberante y el del equipo amado son iguales, donde se funden el azul del cielo y el del MÍO, ese es Cali. Son tantas las virtudes de este Cali que pese a las conductas impropias de algunos insensatos, de la inseguridad y de la pobreza de muchos de caleños, es fascinante para habitantes y visitantes. Como para ese 82% que dice que se siente feliz de vivir en tan paradisiaco lugar: el 52% se declara “muy feliz” y el 30% “bastante feliz”. Comprensible el porqué un 51% nunca la cambiaría por ninguna otra ciudad.Estos son algunos indicadores de ese frenesí que Cali ejerce en quienes la habitan, según la encuesta contratada por El País a Analizar & Asociados.Natalia Lara, una relacionista pública que se define como “la más bogotanísima de las bogotanísimas”, revela que está literalmente enamorada de la capital vallecaucana. “Cuando mi esposo, Luis Ricardo Dunoyer, me dijo que nos veníamos a vivir a Cali, dije ‘qué pereza, qué voy a hacer allá, no conozco a nadie, y digamos que me trajeron casi de los pelos”, recuerda.Pero la magia caleña hizo su efecto. “Su gente amable y acogedora me hizo sentir en familia, como si siempre hubiésemos vivido aquí”, dice esta profesional que vivió en Boston, en Panamá, conoce Europa y aterrizó en Cali para integrarse a ese 36% que, como lo revela la encuesta de El País, no nació aquí, pero eligió establecerse en ella.“Tanto a mi esposo como a mí nos han respaldado en lo laboral, lo social, lo familiar, la gente vive pendiente de nosotros, nos invitan a todo, el colegio de mis hijos es maravilloso (El Bolívar) no tengo sino gratitud con Cali”, dice.Y sumado a ello, el ambiente de la ciudad, el clima, su calidad de vida, la naturaleza que la rodea y hasta la calidad de los servicios públicos (49%), son motivos que enamoran a todos.Y así la inseguridad sea motivo de disgusto para el 81% y el 71% se sienta inseguro en Cali, la actitud positiva y optimista de los caleños hace que el 44% piense que la calidad de vida de la ciudad mejoró en la última década.El historiador Carlos Calero Mercado vio pasar a la parroquia del Cali Viejo, donde “todos los muertos eran conocidos”, a la gran urbe de hoy. Quizás por ello forma parte de ese 30% para el que la calidad de vida empeoró. No obstante, para él el encanto de Cali perdura gracias a la hospitalidad y buen genio de los caleños. “Esa manera amplia como se recibe al forastero y ese espíritu siempre de brazos abiertos es lo que estimula a la gente a reconocerle a Cali todos sus encantos”, dice Calero.Y es que para los caleños los problemas de la inseguridad los preocupan pero no los desvelan; los de mala calidad de las vías o de movilidad les saca quejas, pero no canas. Es como si en virtud de un pacto tácito, todos aceptan que perfecta no podía ser, pues con sus problemas los caleños ven en su ciudad un gran vividero, en el que el 47% vive satisfecho y el 51% es absolutamente feliz.Felicidad contagiosaAra Kazarians es un armenio caucásico que vivió en Londres, Reino Unido, una de las siete potencias del mundo. Allí conoció la magia de la salsa y se hizo DJ de este género musical, a través de caleños residentes en Londres. Cruzó el Atlántico, disfrutó de la fantasía de Brasil, donde se enamoró de su ‘Chica de Ipanema’: Patricia Pacheco. Pero la espinita de conocer la Capital Mundial de la Salsa y la alegría, lo trajo de paseo en 1993. Y se sintió tan fascinado que en 1994 reincidió y en 1999 trajo a su esposa Patricia. Y echaron raíces. “En Londres nunca fui feliz, en Cali sí”, dice y advierte: “Creo que vamos a tener un pie en Armenia(Cáucaso)y otro en Brasil, pero quiero tener mi base aquí”. Ara pertenece a ese 36% que lo sedujo el ambiente festivo de la ciudad, de ese 22% que le encantó “la educación y la cordialidad de la gente”, ese 22% que adora el clima y la luz de Cali: “Cuando hace calor es divino, me encanta el paisaje con montañas”, dice.Su lista continúa: “la comida es especial, ponen mucho cuidado en la preparación, tengo muchos amigos salseros, adoro el estilo de bailar caleño porque tiene mucha esencia”, explica este caleñizado que abrió Posada Salsa Boutique, único hotel temático en Cali. Devoción que su esposa atribuye a “una vida pasada que debió tener aquí porque todo le es tan familiar”.Lo dice Natalia Lara: “Mi esposo adora a Cali y ahora viajo sola a Bogotá porque mis hijos siempre se quieren quedar acá”, dice. Los comprende: a ella el “mirá ve” y “el oís ve” no le da risa. “Al contrario, ojalá Martina, de 13 años, y Simón, de 10, se contagien de ese acento encantador”.Calidad de vida está en el sur de la ciudadSi bien sólo el 14% de los encuestados asocia el encanto caleño a la calidad de vida que Cali ofrece, el 46% considera que el Sur de la ciudad es la mejor posicionada en este aspecto. Y uno de los factores es la calidad ambiental de esa área, según un estudio dirigido por Luis Alfonso Escobar Jaramillo, investigador ambiental de la Escuela de Ingeniería de la Universidad del Valle.Apoyado en imágenes satelitales tomadas por la Universidad de Maryland, Estados Unidos, entre 1984 y 2003, pudo inferir que en el Sur hay 22 metros cuadrados de zona verde por habitante, mientras que en el Distrito de Aguablanca el índice es de 0,52 metros cuadrados de área verde por persona.El docente indica que por ello el promedio de la temperatura de la ciudad se ha incrementando en cinco grados en los últimos 20 años. “A medida que se avanza de la comuna 17, a la 18, a la 19 y a la 22, aumenta la densidad arbórea, lo que genera mejor calidad de vida.No sucede igual en la comuna 2 o 3 en el Centro o el Distrito de Aguablanca, donde hay ‘islas de calor’ asociadas a la pérdida de los espacios verdes y bajo índice de vegetación y zonas habitacionales de alta densidad de población de pocos ingresos”, dice Escobar, autor de ‘El valor económico de la calidad ambiental urbana en Cali’.Y que en El Calvario ‘sobrevivan’ dos árboles o en San Nicolás haya un solo parque, lo dicen todo. Ara Kazarians, desde su hotel boutique en El Peñón, afirma que en Cali hay una calidad de vida que no existe en los países europeos: se puede trabajar, ir de rumba, tomar un avión y estar en dos horas en Cartagena, allá son cinco horas para poder tomar el sol–. “Y la gente te sonríe en la calle, uno puede saludar y hasta coquetear (se ríe) y eso hace sentir bien a cualquier ser humano. Es una cultura natural que se pierde en otros países.¡Yo perdí 17 años de mi vida en Londres, cuando podría estar aquí!”, dice.Y el tema de la inseguridad, tampoco le preocupa. “Soy armenio, ya tuvimos 6.000 años de historia con sus guerras, así que lo tengo en los genes: a mí no me asustan tan fácil”.Igualmente, Natalia Lara sostiene que si uno es precavido, no pasa nada y esta es una ciudad que evoluciona, está trabajando en la seguridad. “Sólo cuando aterrizo y veo sus cultivos de caña, siento la riqueza interior de su gente, extrovertida, que dice lo que piensa”.“Puede que Cali no tenga la misma oferta cultural de Bogotá, pero posee muy buena energía, es como un imán que te jala y siento que vine aquí a crecer, a recibir algo muy bueno”.MÍO,lo mejor En cuanto a servicios públicos, el MÍO lleva la delantera. Para el 48% el Sistema de Transporte Masivo presta mejor servicio que el anterior de buses. Un 45% lo califica de bueno, un 11% de excelente frente a un 26% que lo tilda de regular. Sólo a un 9% y un 4% les parece malo y muy malo respectivamente.Si un 54% se queja por el mal estado de las vías, sólo al 22% de los encuestados le parecen “pésimas” y un 32% las considera “malas”. Y para un sorprendente 37% las calles rotas parecen formar parte del paisaje porque las califica de “aceptables”. Y si la movilidad estresa al 54%, un 58% comprende que este problema se debe a las obras que están en construcción para mejorar ese aspecto. Luis Alfonso Escobar Jaramillo, investigador en gestión ambiental, considera que medidas como el pico y placa son positivas porque contribuyen a reducir las emisiones de CO2, mas no hay ciclorutas ni seguridad para promover el uso de la bicicleta ni el uso del espacio público, lo que no permite disfrutar la belleza del paisaje. Y es que el 37% reconoce que es difícil disfrutar el espacio público y el 31% se limita a ir a un parque. Apenas un 17% sale a hacer ejercicio en las zonas verdes y un escaso 13% se atreve a caminar por los andenes.“Nuestros visionarios hacen vías sólo para los carros pero no para los peatones y para los usuarios de bicicletas; creen que la movilidad es sólo para los vehículos. Aquí se mueren 60 ciclistas al año en las horas pico y eso tiene un costo social gigantesco”, denuncia el investigador.CivismoIsabel Salazar, periodista de La W, forma parte de ese 54% que nació en Cali, pero que por su trabajo debe vivir en Bogotá. Así que no perdona oportunidad de regresar a su ciudad del sabor: sabor a jugo de lulo, a manga biche con limón y sal, a aborrajado y a cholado, a marranitas y a chontaduro.“Me gusta Cali por su sol picante y la brisa que nos llega del Pacífico. Me enamora por los recuerdos, mi feliz infancia, mi familia y los amigos del colegio, el Jefferson”, dice esta caleñísima más conocida como Isa Salazar en Mujeres W. Y aunque el 54% de los encuestados se queja de la “inmovilidad” por el tráfico lento de la ciudad, ella está en ese 28% que considera que la ciudad ha mejorado. “Cali es el mejor vividero, la gente todavía va a su casa a almorzar, y mi papá, por ejemplo, alcanza a darse una buena siesta. En un día se pueden hacer varias vueltas sin perder la calma. Cali es mágica porque en 30 minutos uno puede ir del río Pance a Dapa o a El Saladito, con otro clima totalmente diferente”.De ahí que el plan favorito que Isa recomienda es salir a comer las delicias vallecaucanas como el aborrajado y el patacón con hogao de ‘Oh Qué Rico’, frente a la Calle de las Flores. Y la cita obligada es a comer empanadas del Obelisco, a orillas del Río Cali, costillas en La Papa (para ella, La Estación de la Papa) en la Avenida Sexta, ensalada de María Place en el Centro Comercial Centenario u otras delicias en La Tienda Gourmet del Club Colombia.Típica caleña, Isa es parte de ese 36% a los que les encanta el ambiente festivo y alegre de la ciudad. “El amanecer me recibió muchas veces en Don José en Juanchito, con ‘aguardiente a precio de estanco’. Cuando voy de visita vamos a la discoteca Éxtasis en el centro, a bailar salsa de la buena y azotar baldosa. Alguna vez un gran bailarín me enseñó ahí a persignarme con el pie y es un paso con el que aún descresto”, dice esta joven que se siente orgullosa de su ciudad y cada Feria trae a sus amigos “del interior”. Y obvio, “todos coinciden en que las mejores rumbas se las han pegado en esas vacaciones en Cali”.

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