La nueva novela de Paola Guevara, explora el Horóscopo como género literario

La nueva novela de Paola Guevara, explora el Horóscopo como género literario

Octubre 28, 2018 - 08:51 a.m. Por:
Yefferson Ospina - Gaceta
La nueva novela de Paola Guevara, explora el Horóscopo como género literario 02

"Pasé tres años escribiendo ‘Mi padre y otros accidentes’ y luego dos años más hablando de esa misma novela. Estaba tan saturada de las ficciones del ‘yo’ y de la novela de autoinmersión".

Foto: Bernardo Peña / El País

Una prosa ágil, elegante, cargada de metáforas preciosas y sugerentes, y una historia de amor, de un amor improbable que se resuelve de un modo magistral, es la que trae Paola Guevara, autora de ‘Mi padre y otros accidentes’ en su más reciente novela: ‘Horóscopo’.

El joven editor de un periódico comete un error y es degradado, como castigo, a la página del Horóscopo. Llega a la redacción Ariana, quien inflama de nueva vida el corazón de la noticia y les recuerda a los desencantados cómo solía sentirse el amor primero por la noticia.

Leonardo descubre que tiene en las manos un poder más grande del que había concebido hasta ahora, y decide modificar el horóscopo que ella lee todos los días para conducirla hacia él, a través de falsas señales y manipuladas coincidencias.

“En los diálogos de esta novela se logra ese gradual acercamiento con inteligente despliegue de humor y sarcasmos. Nada fácil logro, como sabemos”, escribió el destacado poeta, cuentista y ensayista panameño Enrique Jaramillo Levi, sobre la obra.

¿Paola, cuál es el origen de una historia como la de ‘Horóscopo’?

Yo pasé tres años escribiendo ‘Mi padre y otros accidentes’ y luego dos años más hablando de esa misma novela. Estaba tan saturada de las ficciones del ‘yo’ y de la novela de autoinmersión, que escribí una columna para El País titulada ‘Vacaciones de uno mismo’, donde digo que uno debería tomar vacaciones del personaje público que, sin querer, fabrica en redes sociales. Necesitaba salir de mí, hablar de otras personas, de otros asuntos. Entonces decidí pasar de la narración en primera persona a la narración en tercera persona, porque quería asumir el reto de ejercitar otros músculos narrativos.

¿Saturada de la realidad, quiso hacer ficción pura?

Sí, y esta decisión fue un salto radical, que además era muy arriesgado. Mucha gente me había dicho que esperaba que mi segunda novela fuera la continuación de ‘Mi padre y otros accidentes’, tal vez contar la historia de la madre, un personaje que llamó mucho la atención; o hablar sobre el padre desaparecido que yo creí que era mi padre biológico. Pero yo quise rebelarme contra la fórmula exitosa. Si uno no busca el punto de quiebre de uno mismo, si no se pone en jaque, si no se lleva al límite, nada interesante va a surgir de la comodidad del terreno conocido.

Es decir, hubo un reto personal: salir del ‘yo’ en la escritura. Pero, ¿dónde está el germen de ‘Horóscopo’?

Recuerdo muy bien cómo concebí la idea de escribir ‘Horóscopo’. Trabajo como editora de cultura y tendencias del diario El País, y entre las muchas páginas que debo revisar a diario está, casualmente, la página del Horóscopo. El horoscopista, a quien no conozco, manda las previsiones cada mañana, y debo confesar que más de una vez he alterado el texto de Géminis, mi propio signo zodiacal, en situaciones muy puntuales. Para un viaje largo, por ejemplo, me predije: “No habrá demoras a través de aeropuertos”. Y cuando tuve que dictar una charla ante más de mil personas, me predije: “Día bien prospectado para la expresión oral, tendrá gran seguridad al hablar”. Justo cuando estaba haciendo lo último, me dije: “Esto es una novela. Una novela sobre un hombre que manipula el horóscopo para ganar el amor”.

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¿Hay en ‘Horóscopo’ fragmentos de su propia biografía?

Yo creo que los lectores pueden estar predispuestos a suponer que esta novela también es autobiográfica. Pero no. A Ariana, que es el personaje principal, tuve que crearla desde cero y fue un trabajo muy arduo. Fue un reto inmenso crear la voz de un personaje femenino, después de haber escrito una novela sobre mi propia vida. Crear a Leonardo y a los demás personajes masculinos fue un desafío, pero no tan exigente como darle vida a Ariana. Yo venía acostumbrada a escribir sobre mí misma, porque incluso mis columnas de El País las escribo en primera persona, y ahora tenía que escribir en tercera persona sobre alguien que no era yo misma. A Ariana la construí desde sus cimientos, le di un padre y una madre, un método de crianza experimental que forjó su infancia, y también un pasado literario. En fin. Yo no soy Ariana y creo que además me parezco muy poco a ella, que tiene 23 años, el cabello largo, rojo con destellos dorados, que es deportista mientras yo tomo el ascensor para llegar a un segundo piso. Y, aunque también es periodista, Ariana escribe sobre política, corrupción e incluso feminicidios. Yo creo que Leonardo, en cambio, tiene mucho prestado de mí...

Volviendo a Ariana, que es un personaje casi arquetípico, fuerte intelectual y emocionalmente, ¿hay una intención de vindicar el papel de la mujer fuerte, incluso dentro del periodismo?

Nunca me lo propuse así de forma consciente. Prefiero lo literario sin lo panfletario, para explorar matices e incluso contradicciones muy humanas. Ariana ni siquiera siente que necesite validarse ante nadie. Ella solo tiene que existir, desplegar su inteligencia y su pluma para alterar, sin proponérselo, los pesos y contrapesos de la rutina en la sala de redacción a la que llega. Y lo logra sin esfuerzo, al tiempo que no renuncia a su faceta más estética, hedonista y mística. Ella tiene una belleza occidental clásica, es una suerte de Venus de Botticelli, pero no busca camuflar su prototipo o adoptar la austeridad asociada al vestuario masculino para hacer valer su inteligencia, que se impone por sí sola. Ella asume de una forma tan natural y contundente su propia valía, que ni siquiera se toma la molestia de ir al choque para justificar o validar lo que es. A sus 23 años, ni siquiera acusa recibo de los estereotipos en su contra porque, debido a la crianza experimental que le prodigaron sus padres, que la educaron en casa lejos de los esquemas convencionales de la enseñanza cartesiana, no delega en nadie, hombre o mujer, el poder de validarla o invalidarla. Ariana integra lo duro y lo blando, como ser completo.

En el caso de Leonardo, que es un tipo al que lo abandonó su esposa y que ahora hace de padre y madre con su hijo, se trata de un personaje que habla de otra forma de la masculinidad, el padre del que normalmente nadie habla...

Eso es muy importante para mí, porque además de crear a esta mujer inusual, yo busco retratar una nueva masculinidad. Yo, como escritora, como latinoamericana, como colombiana, no quiero construir aquí otro hombre híper sexuado, macho alfa, no, no. Yo no estoy en la literatura para reforzar ese arquetipo que otros ya han narrado hasta el cansancio, algunas veces con genialidad literaria. Leonardo no es el hombre que, mientras intenta conquistar a Ariana, se acuesta con la recepcionista, la colega, la vecina y la prostituta. Al contrario. Con Leo exploro una nueva masculinidad, que veo cada vez más presente en la vida moderna. No es un macho alfa centauro, sino un hombre beta, de esos que en el amor no tienen plan b. Un hombre cuya masculinidad no se expresa al estilo marcial, sino, por ejemplo, al asumir que lo degraden a la página del horóscopo con tal de proteger la estabilidad económica de su pequeño hijo. También asume toda la responsabilidad por un error laboral grupal, a un alto costo personal. El suyo es un heroísmo muy cotidiano.

¿Qué tanta influencia hay del periodismo en su estilo literario?

Me gusta la estrategia de los capítulos cortos, porque me parece que son ágiles y dan la posibilidad de incorporar muchos comienzos y finales, algo que un solo capítulo de 300 páginas no me permitiría. Pero cuando se trata de escribir novela despido a la periodista.

"Sensible, inteligente, informada, sugerente (...) Combina una semántica impecablemente realista con un manejo dúctil, espléndidamente logrado, de la metáfora", comenta sobre ‘Horóscopo’ el escritor panameño Enrique Jaramillo Levy, crítico, poeta, cuentista y estudioso literario de la escuela de Iow.

Una de las grandes virtudes del libro es la creación metafórica. “Mandalas de carne”, la comparación del sexo femenino con un libro, entre muchas otras. ¿De quién ha recibido influencia para esas creaciones?

Yo soy lectora de poesía y esa es una huella que está muy presente en la novela, así como el hecho de que los novelistas que me apasionan son muy poéticos. Marcel Proust es uno de los autores que más admiro y releo; Fernando Pessoa es mi poeta de cabecera. Yo lloro leyendo a ese tipo de autores, lloro de agradecimiento al constatar que alguien se tomó el trabajo de construir metáforas tan sublimes como las que encuentro en ellos. Soy una coleccionista de metáforas literarias. Para mí hay autores, como Kundera, cuyas novelas se justifican, a veces, por una sola metáfora extraordinaria.

¿Cómo es su relación personal con el horóscopo?

Lo corrijo todos los días y le tengo mucho cariño y respeto, pero no de un modo predictivo. El horóscopo tiene una carga mitológica interesantísima. El horóscopo fue la primera psicología del mundo. Cuando no había psicoanálisis y la psicología estaba muy lejos de aparecer como ciencia humana, los seres humanos vieron en las estrellas símbolos y les atribuyeron características humanas. Vivo cazando señales en todo lo que me sucede.

¿Cree en la idea de que hay un orden en el universo que tiene su correlato en el orden terrestre y humano?

Creo que todos hacemos parte de un sistema pedagógico perfecto, si prestamos atención y sabemos conectar los puntos dispersos. El universo es una novela que se escribe a sí misma. Después de ‘Horóscopo’ me consta, más que nunca, que existe un plano invisible donde habitan los ‘dioses’ literarios y desde donde nos arrojan ideas y nos juegan bromas privadas.

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