La historia un grupo de jóvenes en Cali que decidieron convertirse en 'aliados' de Dios

La historia un grupo de jóvenes en Cali que decidieron convertirse en 'aliados' de Dios

Abril 14, 2019 - 11:40 p.m. Por:
Evelyn Henao - Semillero de Periodismo USC/ El País
Las historias un grupo de jóvenes en Cali que decidieron convertirse en 'aliados' de Dios 02

Luisa Fernanda Vélez, estudiante de ingeniería química de Univalle, se prepara con lecturas para cumplir con su misión pastoral. Este año irá con 33 jóvenes más a Bitaco, La Cumbre.

Foto: Wirman Ríos / El País

Para algunos caleños resulta extraño ver a jóvenes haciendo parte de los caminos de Dios y que, cual samaritanos, realicen obras sociales o de misericordia en favor de los menos favorecidos.

Libia Cardona es una de las que considera que los jóvenes de hoy piensan más en rumba, en sus propias cosas, en mantener la recocha con los amigos; que no son tan temerosos de Dios como los muchachos de antes, esos que antes madrugaban un domingo a misa. Aunque, admite, “no deja de haber uno que otro que aún lo haga”.

Y sí, aunque parezca imposible o suene extraño, como para doña Libia, en Cali hay jóvenes que invierten buena parte de su tiempo en la enseñanza y práctica de la palabra de Dios, y con la motivación para practicar labores sociales. Demuestran que los muchachos de hoy no son solo rumba y diversión, como se les suele estereotipar.

“Sería muy bueno que la juventud comprendiera que Dios no quiere presionar a nadie, ni tampoco le exige gran cosa a uno, Él solo quiere que creamos, y que nos amemos como Él ama. O al menos intentarlo, porque Dios es un Dios de amor que siempre tiene los brazos abiertos”, comenta Ignacio Idárraga, uno de los jóvenes que en Cali dedican parte de su tiempo a ayudar al prójimo más necesitado.

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Estos chicos no solo lideran actividades de apostolado, litúrgicas o sociales. O participan como monaguillos, cargueros y más, en época de Semana Santa. No. Ellos se dedican en cuerpo y alma a su misión los 365 días del calendario, o por lo menos, buena parte del año.

Son muchachos que se entregan a diversas labores en las zonas más vulnerables de Cali, en sus veredas, y en las de otros municipios. Para las personas que están en situación de calle, por ejemplo, ver que un grupo de chicos llegan con almuerzos, ropas e incluso, obras de teatro interpretadas por ellos mismos, son esos “cinco centavitos de felicidad” que cantaba Julio Jaramillo.

Para la Semana Mayor afinan motores y se les puede ver enseñando la palabra de Dios, catequizando, tratando de llevar el mensaje de Jesucristo, de amor, paz y perdón.

Es muy común verlos participar activamente de las diferentes actividades que realizan las parroquias por esta época, como es el caso de Idárraga, quien antes, durante y después de estas fechas, participa de obras de teatro, vigilias y misiones en vereda, el Peón, de Cali o La Morada, de Jamundí, en las que difícilmente sus habitantes pueden llegar a la celebración de las eucaristías.

Idárraga tiene 23 años y desde los 14 participa activamente de las diferentes actividades de la parroquia Niño Jesús de Praga, entre ellas obras de teatro y eventos sociales donde se recauda ropa o alimentos no perecederos, para luego ser entregados a personas en situación de calle.
Nacido en el seno de una familia católica, Ignacio Idárraga comenta que siempre ha contado con el apoyo de sus padres, quienes se sienten muy orgullosos de él.

“La inspiración por seguir a Dios viene muy ligada con la vocación y eso es algo que Dios pone en el corazón de cada persona, eso es lo que suscita o motiva a un individuo a la búsqueda de una espiritualidad, a la búsqueda de Dios. No es necesario ser sacerdote, monja o alguien de la tercera edad para tener el deseo de seguir a Dios, o alardear de una espiritualidad bien ejercitada. ¿Por qué? el llamado que Dios hace a la santidad se lo hace a todos los creyentes. Al entender esto es cuando nace la inspiración en un joven por seguir y llevar un comportamiento encaminado a la búsqueda de Dios, en la vivencia de los sacramentos”, afirma.

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En la actualidad Idárraga es miembro activo de la Fundación Cristo de la Calle y con sus compañeros participa en la repartición diaria de casi 600 almuerzos, labor que comienza desde el mediodía en zonas vulnerables de Cali, como el puente de la Autopista con 26 o el barrio San Judas.
Además, se desplazan al barrio Manuela Beltrán, donde existe un comedor comunitario, ahí entregan entre 150 o 200 almuerzos diarios. Ignacio siempre reserva tiempo para esta actividad que se realiza de lunes a viernes.

Luisa Fernanda Vélez Altahona es una caleña que desde los 17 años realiza procesos de evangelización y misiones a diferentes comunidades dentro y fuera de la ciudad.

Desde hace tres años, Luisa Fernanda reserva todos los viernes para reunirse con un grupo de jóvenes universitarios católicos llamado Faro, de la Comunidad Emmanuel (de la Arquidiócesis de Cali) para planear las diferentes actividades que realizan durante todo el año y participar de las charlas de crecimiento de formación cristiana.

Esta estudiante de ingeniería química de la Universidad del Valle cuenta con el apoyo de sus padres, quienes se sienten felices de verla ayudando a otros y llevando las enseñanzas de Cristo. “Realizamos misiones en diferentes corregimientos y veredas de Cali; del municipio de La Cumbre, como Bitaco, y de Yumbo, como en Dapa. Allá, con las comunidades desarrollamos varias actividades, con los niños hacemos dinámicas, entre ellas, catequizarlos y enseñarles la palabra de Dios”.

En Semana Santa es más fuerte la labor de Luisa y de 33 jóvenes más de la comunidad Emmanuel. “Nosotros llegamos a los lugares donde el sacerdote no puede llegar”, dice la joven. Este año todos ellos se desplazarán a Bitaco. Allí realizarán “la misión completa” desde el Sábado antes del Domingo de Ramos hasta el Domingo de Pascua. “Estando en las veredas visitamos las casas e invitamos a los habitantes a que participen de las celebraciones del Jueves, Viernes y Sábado Santo”.

Los martes, cada quince días, Esteban Silva Osorio cumple su cita para participar activamente en la preparación de obras de teatro tanto para la temporada de Semana Santa como para las diferentes actividades que durante todo el año realizan en la Fundación Cristo de la Calle, a la que pertenece. Relata que cuando inició como voluntario, él buscaba grupos en dónde poder participar, entre ellos, en Samaritanos de la Calle.

Su mamá vive feliz de verlo haciendo lo que a él le gusta; además, participa de las misiones a las veredas, entre ellas Pichindé.

“Lo mío empezó después de unas clases de catecismo, ahí entendí muchas cosas, en especial qué son los sacramentos, cómo se viven. Fue en ese momento cuando comenzó a crecer el fervor por conocer más de la palabra de Dios, de vivirla, de practicarla. Este sentimiento se hizo cada vez más grande, el querer aprender más, dar más, estar al servicio de los demás”.

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En la Fundación Cristo de la Calle participa de las misiones evangelizadoras; con la Fundación Samaritanos de la Calle participó también de la repartición de almuerzos para personas en situación de calle. “Vivir en armonía con Dios, brindar un plato de comida a quien no tiene, conseguir ropa para el más necesitado, llevárselas hasta allá y ver la cara de felicidad de estas personas es algo muy bonito y que llena mucho. Además, hacer el servicio sin estar esperando una reciprocidad es la mejor recompensa”, comenta Silva.

En el barrio la Merced encontramos a Daniel Hurtado, un joven estudiante que está próximo a graduarse de Comunicación Social y es integrante del Ministerio Hogar de Oración Rey Jesús.

Daniel reparte su tiempo entre sus prácticas empresariales y las clases que dicta los sábados de 5:30 p.m. hasta las 7:00 de la noche, donde participan niños de 6 a 11 años de edad.

Esta actividad la comenzó el año pasado cuando sintió la necesidad de “servir a Dios, de entregarme a Él. Yo tenía 21 años cuando me cuestioné qué estaba haciendo con mi vida. Fue cuando tomé la decisión de enseñar a otros lo que yo había aprendido. El año pasado cuando comencé a dictar las clases a los niños sentí que mi vida ya no pasaría en vano, mostrarles a los más pequeños la palabra de Dios y sus enseñanzas es lo más maravilloso”.

Para Daniel la juventud está rompiendo barreras y demostrando que existe una pasión entre las nuevas generaciones por las obras sociales, que disfruta de ayudar a otros y que todos pueden convivir sanamente.
“Nunca he sufrido bullying por mis creencias, siempre me he adaptado de la mejor manera con quienes comparto, y es que no deben existir muros entre un joven que decide seguir a Cristo y ser partícipe de sus obras, con otro que no practique o le agrade el tema, se deben respetar las diferentes posturas”, puntualiza Daniel.

Es así como la esperanza de las nuevas generaciones por un mundo mejor se aviva cuando se encuentran jóvenes que deciden dedicar parte de su vida a seguir las enseñanzas de Dios y la práctica de obras sociales para ayudar a quien más lo necesite.

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Cambio social

Daniel Hurtado comenta con alegría: “La mayor inspiración para seguir a Dios es el cambio que uno siente en la vida; seguir a Dios es maravilloso.
Su palabra te enseña amar el prójimo, te enseña a no devolver mal por mal, a dejar de ver a las personas como objetos y esto incide en la purificación del corazón, de los pensamientos, uno se da cuenta de que ahí se puede empezar a constituir el cambio de la sociedad”.

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