Examen a la salud del Orinoco, modelo a replicar en los ríos Cali y Cauca

Examen a la salud del Orinoco, modelo a replicar en los ríos Cali y Cauca

Septiembre 01, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Luisa Jaramillo Guerrero | reportera de El País
Examen a la salud del Orinoco, modelo a replicar en los ríos Cali y Cauca

Los afluentes que conforman la cuenca del río Orinoco albergan numerosas riquezas minerales de metales como oro, tantalio, coltán y tusteno.

En la cuenca del río Orinoco se desarrolló un reporte que permitió identificar las enfermedades de sus afluentes y sus ‘medicinas’.

La lancha se mueve en medio de la corriente del agua que quiere tomar fuerza. Después de más de una hora en una ‘voladora’ desde el puerto de Inírida se llega a uno de los puntos clave del nacimiento del Orinoco, el tercer río más importante del mundo por su volumen de agua.  

La Estrella Fluvial de Inírida deja que los pasajeros de la lancha sientan su poder: los ríos Atabapo, Guaviare e Inírida se entrelazan en un gran centro que fue declarado el 8 de julio de 2014  por el gobierno de Colombia como sitio Ramsar, lo cual restringe el uso de la tierra y permite que solo se lleven a cabo actividades que aseguren el mantenimiento ecológico de la zona. 

Sin embargo, un equipo de la Fundación WWF Colombia señala que todavía hay   amenazas que   atacan a  estos ríos, aguas que no solo  suplen las necesidades de las comunidades, sino también de  la agricultura, la energía y la industria. 

 Javier Zapata, gobernador de Guainía, es claro al afirmar que la minería es el renglón económico más importante del departamento, y solo basta recorrer sus ríos por escasos 30 minutos para ver las embarcaciones que anclan en la arena blanca en busca de oro. Y así ocurre en los otros ocho afluentes  que conforman la cuenca del  río Orinoco,  uno de los más largos del mundo, con 2150 km de extensión.

En la región de la Orinoquía los ríos son el sustento de miles de familias que se dedican a la pesca y en departamentos como Meta, Guainía, Guaviare, Arauca y Vichada estos se convierten en autopistas y calles que permiten el tránsito hacia otros territorios.  

Fueron esas familias las afectadas por el deterioro de los afluentes que cruzan la zona. Camilo Acosta, habitante de Coco Viejo, uno de los resguardos indígenas de Guainía, ha dedicado gran parte de su vida a la pesca ornamental y señala que las rayas de río, siempre difíciles de encontrar, empezaron a escasear de manera sustancial. Así mismo, cuenta que varios habitantes han notado deterioro en la calidad del agua y otros síntomas que les preocupan.      

Eso fue la motivación para que ellos trasladaran sus inquietudes, ideas y conocimientos sobre los afluentes a las aulas que   la Fundación WWF instaló temporalmente en diferentes municipios alrededor de la cuenca. Ahí, a través de talleres comunitarios, entidad y comunidades establecieron los indicadores que señalan los daños que la cuenca sufre. 

Ese trabajo formó parte de una  iniciativa conjunta entre dicha institución y el Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Maryland (UMCES), con la colaboración del Instituto Humboldt y la Fundación Omacha,  la cual tuvo como  objetivo  diagnosticar y recetar, como los médicos, la salud de los ríos que conforman la cuenca,  compartida por Colombia (35%) y Venezuela (65%).

Saulo Usma, coordinador del programa de agua dulce para la WWF Colombia, dice que la iniciativa, que tomó más de un año y medio, desembocó en el Reporte de Salud del Orinoco, el primero de su tipo desarrollado a través de estas instituciones.

Tras escuchar a las comunidades, se establecieron once indicadores de salud. Los resultados de la evaluación de cada uno de estos estaban determinados en una escala de 0 a 5, como en el colegio, comenta Usma.

Esos indicadores fueron:  índices de calidad de agua, de alteración potencial de la calidad de agua, de uso de agua, cobertura natural de la tierra, área de bosque estable, conectividad terrestre, frecuencia de fuego, servicios escosistémicos, nutrición humana, minería en ecosistemas sensibles y  abundancia de delfines de río.

Los expertos de la institución y los pobladores como Camilo fueron los encargados de recolectar datos para cada uno de los indicadores. Después, los especialistas evaluaron los resultados: la salud de la cuenca del Orinoco obtuvo un puntaje de 3.2, lo cual indica que tiene una salud moderadamente buena, pero que tiene mucho por mejorar.

La abundancia de delfines de río, la capacidad de suplir la nutrición humana y la minería en ecosistemas sensibles fueron los indicadores en los que los once ríos de la cuenca se rajaron, por lo que el puntaje para cada uno de esos aspectos osciló entre 2 y 3. 

Sin embargo, el reporte destaca factores como la cobertura natural de la tierra, el área de bosque estable, el índice de uso de agua y el de alteración potencial de la calidad de agua, que  obtuvieron calificaciones entre los 4 y 5 puntos, lo cual se traduce en un cuidado de los ecosistemas que rodean y nutren a los fluviales y la calidad de su agua pese a las actividades que pueden deteriorarla. 

 Cabe aclarar que durante la investigación se encontró que el cambio del uso del suelo sí ha ocasionado pérdida de coberturas naturales y  transformación de los ecosistemas especialmente en el pie de monte de la cuenca. “Esto se debe a la expansión de actividades de extracción mineroenergética, al  incremento de poblaciones en áreas urbanas y a la ampliación desordenada de la frontera agrindustrial y pecuaria de la Orinoquía”, asegura Usma.

Delio, otro de los líderes comunitarios de Guainía que se vincularon al proyecto, dicen que las comunidades deseaban  conocer las enfermedades que aquejan a sus ríos para contribuir a  erradicarlas. 

[[nid:572534;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/08/orinoco-2.jpg;full;{Los ríos de la región de la Orinoquía son además canales importantes para el comercio entre departamentos y con Venezuela. Foto: Viviana Londoño | Especial para El País}]]

Para Saulo Usma, si bien el resultado de la evaluación podría mejorar con acciones a través de la conformación del Consejo Ambiental Regional de la Macrocuenca, se destaca de este proyecto la asociación de tomadores de decisión que permitió trabajar en conjunto por los ríos.

Y después de un año y medio de trabajo se sostiene en una reflexión profunda acerca de la indolencia y su efecto en el deterioro de las riquezas naturales y los ecosistemas. Con base en los estudios que ha realizado sobre manejo de recursos hídricos, afirma que la indiferencia de los caleños es la que ha impedido que evaluaciones como esta se desarrollen en sus siete ríos.

Usma afirma que el Reporte de salud de la cuenca del río Orinoco es completamente aplicable en ríos como Cali y Cauca, pero que la poca consideración que tienen los ciudadanos con los afluentes hacen invisible la necesidad de diagnosticarlos.

“Es una vergüenza la condición en la que se encuentran los ríos de Cali, mucho más vergonzosa es la indolencia que tenemos los caleños ante esos ríos”, dice Usma. “Somos capaces de ver el río Cañaveralejo totalmente canalizado, como si fuera un caño más, y no se nos mueve nada en el corazón al ver condiciones como esas en un tesoro de agua”, puntualiza. 

Usma considera que la solución a las crisis que viven Cali y otras grandes capitales del país durante los periodos secos sería “la reflexión y las acciones concretas de los ciudadanos para retomar el patrimonio ambiental que es de todos”. 

La propuesta de los especialistas involucrados en el estudio es simple: si se pudo hacer en el Orinoco, es posible hacerlo en cualquier otro río del país.

 

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