Cali y Valle de Oportunidades
Entre el origen y la cultura, la construcción de la identidad caleña
Historiadores analizan el impacto de las migraciones, el baile de salsa y la preservación del patrimonio en el tejido social vallecaucano.
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7 de ago de 2026, 11:40 a. m.
Actualizado el 7 de ago de 2026, 11:40 a. m.
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Santiago de Cali ha construido un tejido social único mediante su histórica capacidad de acoger procesos de movilidad humana. Ricardo Realpe, historiador y creador del proyecto cultural Cali Antiguo, explica que la constante llegada de familias provocó un fenómeno particular en el arraigo ciudadano: “Cali ha tenido problemas de identidad. Cuando no hay una continuidad histórica se pierde la memoria, y eso dificulta el arraigo y el sentido de pertenencia”.
Esa falta de continuidad responde a que la mayoría de los habitantes actuales pertenecen a una segunda o tercera generación nacida en la urbe. Las oleadas migratorias iniciaron hacia el año 1900 con familias procedentes de Popayán, Huila y Neiva a causa de la Guerra de los Mil Días. Luego, el ferrocarril en 1915 y los Juegos Deportivos Nacionales de 1928 dinamizaron la llegada de nuevos pobladores.
En la década de 1950, la llegada de multinacionales como Quaker, Gillette, Chiclets Adams y Colgate convirtió a la ciudad en una meca de empleo industrial. El valle geográfico favoreció la atracción de inversiones productivas que fortalecieron el mercado laboral.

Por su parte, Carlos Alberto Murgueitio Manrique, doctor en Historia y jefe del Departamento de Historia de la Universidad del Valle, destaca el peso demográfico de la región: “Cali, desde hace unos 35 años se consolidó como la ciudad con mayor población afrodescendiente de Colombia, y tras Salvador de Bahía en el Noreste de Brasil, como la segunda de Sudamérica”.
Murgueitio Manrique precisa que este componente demográfico obedeció a continuos flujos desde el litoral Pacífico, impulsados por las dinámicas territoriales de la zona. Este continuo asentamiento enriqueció la diversidad humana de la capital vallecaucana.
Los antecedentes institucionales de este desarrollo demográfico cuentan además con soporte en el registro sobre el panorama histórico de la ciudad elaborado por la Red Cultural del Banco de la República.
Multiculturalidad, sincretismo y encuentro de saberes
Aunque geográficamente Cali es una ciudad andina separada de la costa por la Cordillera Occidental, su vocación integradora incorporó los aportes del Pacífico y del suroeste colombiano. Sobre este viraje, Realpe señala: “Al no haber una identidad cultural caleña propia, Cali en los últimos años se dio cuenta de que no tenía una identidad solamente caleña, sino que era un tema multicultural”.

Las expresiones artesanales de Nariño y Popayán enriquecieron la Loma de la Cruz, mientras que la gastronomía y tradiciones afrodescendientes se posicionaron en la vida cotidiana, consolidando un modelo enriquecido por la pluralidad.
Respecto al proceso de integración étnica, Carlos Alberto Murgueitio Manrique sostiene: “El sincretismo es propio de todas las sociedades hispánicas, en donde la mezcla y la hibridez fueron el sustento esencial de la cultura”. El historiador resalta que el legado indígena, las tradiciones afro y el aporte criollo se integraron en una síntesis compartida que define la herencia regional.
En su análisis, el académico plantea la necesidad de coordinar las visiones comunitarias con el desarrollo de proyectos de infraestructura clave, garantizando que el progreso técnico beneficie directamente a las poblaciones del litoral.

Asimismo, Murgueitio Manrique enfatiza el valor del respeto mutuo en la construcción de ciudadanía: “La educación popular debería hacer énfasis en el respeto a la diferencia. Esa es la verdadera diversidad, la capacidad de discernir, cuestionar y diferir frente al unanimismo”.
La salsa y el baile como motores de desarrollo económico
A finales de la década de 1970, la salsa emergió como un canal de cohesión y orgullo colectivo. Ricardo Realpe explica que el sello diferencial de la ciudad no estuvo en la creación de orquestas o cantantes de alcance internacional, sino en la técnica del baile: “Nos destacamos en el baile. Antes de que existiera la salsa, Cali bailaba la pachanga. Mantuvimos los pasos de pachanga y por eso hoy el caleño la baila con ese ritmo”.

Esta adaptación creó un estilo único en el mundo que se transformó en una próspera industria creativa. La economía del baile impulsa academias formales y escuelas comunitarias en barrios, generando empleo en confección de vestuario, calzado especializado, grabación y producción de eventos.
El calendario festivo se nutre de certámenes como el Festival Mundial de Salsa, la Feria de Cali y el Festival Petronio Álvarez, sumados a la Bienal de Música Clásica, el Festival Internacional de Ballet, la Feria del Libro y la tradición de las macetas.

Al repasar la trayectoria urbana, Murgueitio Manrique evoca que en la década de 1970 Cali destacó como un importante centro de las artes plásticas, la literatura, el cine y el teatro. El historiador plantea la oportunidad de retomar esa tradición artística multidisciplinar, complementando el espectáculo con un impulso renovado a las letras y las artes escénicas.
Alianzas productivas, espacio público y nuevos consumos
El crecimiento económico regional ha sido fruto del esfuerzo conjunto entre el empresariado y la fuerza laboral. Murgueitio Manrique resalta: “Las élites económicas de la región han sido las impulsoras del desarrollo económico, fueron ellas las que consiguieron sortear el aislamiento que tenía la región con respecto al comercio internacional”.

El historiador agrega que el sector privado contribuyó a la formación técnica y profesional mediante centros educativos superiores: “Las empresas privadas lograron no solo incorporarlos como trabajadores sino capacitarlos en las universidades fundadas para tales fines como la ICESI”.
En materia de convivencia urbana, Murgueitio Manrique enfatiza la importancia de fortalecer el ordenamiento territorial en sectores como el barrio Centenario, pidiendo una concertación que armonice la actividad comercial y nocturna con la tranquilidad residencial.

Por su parte, Ricardo Realpe observa que las preferencias del consumidor cultural se han ampliado hacia géneros como el vallenato, el reguetón y la música popular.

Sobre la asistencia a espectáculos, el investigador comenta: “Yo creo que el caleño sigue siendo más bien ‘tacañongo’ para pagar buenos eventos; le gusta mucho el evento en la calle”. Esta tendencia evidencia la preferencia por dinámicas gratuitas y al aire libre, como la Calle del Sabor.
Oportunidades de formalización y recuperación del centro histórico
Para consolidar las industrias creativas, Realpe propone implementar programas de incubación pública con apoyo económico temporal para los artistas: “Esto es un tema de salir un poco de tanta informalidad y darle un poco más de realce a los eventos para vivir dignamente de ese trabajo”.

En el ámbito patrimonial, Carlos Alberto Murgueitio Manrique sugiere priorizar la restauración del corazón urbano de la ciudad: “Le recomendaría la recuperación del centro histórico, no solo San Antonio, sino el circuito caminable hasta San Nicolás, pues allí se encuentran y confluyen todos los sectores sociales”.

Para el académico, el centro histórico representa el espacio por excelencia para el encuentro de todos los sectores. Su revitalización arquitectónica y urbana permitirá devolver la elegancia y el esplendor tradicional a Santiago de Cali.

Comunicador social egresado de la Universidad Central de Venezuela con énfasis en Derechos Humanos. Desde pequeño disfruto contar historias y aprendo de la vida y sus lecturas para mejorar en mi oficio. Finalista del Premio Gabo, apasionado por el cine.







