Alba Stella Barreto, adiós al ángel del Distrito de Aguablanca en Cali

Alba Stella Barreto, adiós al ángel del Distrito de Aguablanca en Cali 

Febrero 24, 2019 - 11:45 p.m. Por:
Redacción de El País
Alba Stella

Su trabajo en el Distrito de Aguablanca se centró con jóvenes, madres solteras y víctimas de la violencia.

Archivo El País

Cali está de luto. Ayer, a las 2:55 de la tarde se apagó una de las voces que por más de treinta años llenó de optimismo y esperanza al Distrito de Aguablanca: la de la hermana Alba Stella Barreto.

La hermana Alba Stella, quien llegó a Cali procedente de Bucaramanga, renunció tan solo hace un par de meses a la representación legal y a la dirección de la Fundación Paz y Bien, la cual creó hace tres décadas en el barrio Marroquín, debido a quebrantos de salud.

Desde allí trabajó por las mujeres víctima de la violencia, por los desplazados por el conflicto armado, por los jóvenes que estaban en riesgo de caer en manos de las pandillas, por las menores de edad embarazadas que no tenían un hogar.

El alcalde Maurice Armitage expresa que la de la hermana Alba Stella “es una pérdida enorme para Cali, pues ella era ejemplo de trabajo y tenacidad. Una mujer que desinteresadamente dedicó su vida a luchar por mejorar las condiciones de cientos de personas de escasos recursos que hoy lloran su partida”.

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Por su parte, Francisco José Lourido, exgobernador del Valle del Cauca y presidente de la Sociedad de Agricultores y Ganaderos del Valle, manifiesta que “pocas personas como ella representaron la bondad y la vocación al servicio de los desprotegidos, ante quienes se arrodilló para protegerlos... su ejemplo perdurará más allá de la misión que cumplió en este mundo”.

‘Buena Samaritana’ es uno de los términos recurrentes entre quienes conocieron su labor en las comunas 14, 15 y 21, las mismas que recorría a pie cada ocho días visitando las casas de la red de mujeres consejeras del Distrito de Aguablanca que ella había formado. Hay otros, como el exdirector de la Agencia Colombiana para la Reintegración, Alejandro Eder, que la definen como la “Madre Teresa de Colombia”.

“Con servicio y vocación ella siempre dedicó su vida a los más necesitados de nuestra ciudad. Ella es un ejemplo de que nos la jugamos toda o Cali no va a salir adelante. En sus últimos días siempre hablaba no solo de las mujeres de la comunidad que estaban siendo atendidas, sino de sus muchachos y que si seguían siendo juiciosos. El reto que tenemos los caleños es procurar que este trabajo no se pierda y que su obra perdure en el tiempo”, afirma Eder.

Su voz trascendía las barreras invisibles del Oriente, teniendo resonancia e influyendo en el poder de Cali. Así lo recuerda el exalcalde Rodrigo Guerrero, quien era amigo de Barreto desde su primer mandato y asegura que cuando estaba en desacuerdo con alguna de sus políticas, no vacilaba en dejarle claro lo que pensaba.

“A veces era seria y ruda en sus cosas, pero siempre comprometida. Era una mujer que tenía una creatividad muy grande para resolver los problemas sociales e implementó el modelo de Justicia Restaurativa, se inventó el Tecnocentro, un programa para campesinos. Ella contribuyó mucho a crear ese espíritu de solidaridad que hay en Cali con los desamparados”, cuenta el exmandatario de la ciudad.

Precisamente, Guerrero recuerda que esa misma creatividad que desbordaba cualquier límite dio lugar al programa Francisco Esperanza, que es una de las iniciativas que más ha contribuido al mejoramiento de conflictos entre jóvenes de la ciudad.

Y es que a la hermana se le ocurrió aplicar el modelo de Justicia Restaurativa que había conocido en Irlanda del Norte. Se trata de una justicia para delitos menores —quebrar una ventana, robarse una gorra— y el objetivo es recomponer el tejido social; restaurar las relaciones en una comunidad después de un encuentro entre el infractor y la víctima, hacer acuerdos para reparar el delito (barrer las calles por ejemplo) y reintegrar al agresor a su entorno sin que la comunidad lo siga mirando como una amenaza.

Por eso, en el Oriente la llaman “la maestra Alba”. Incluso hay quien se refiere a ella como “una santa”.

Para Andrea Buenaventura, directora de la Fundación Delirio, la hermana Alba Stella Barreto deja una suma de enseñanzas que perdurará en el tiempo y se propagará a través de las 720 mujeres que integran la red de mujeres consejeras del Distrito de Aguablanca que formó y de los otros 4000 jóvenes que tocó con su frase insigne: “el tema no es reprimir, es dar oportunidades”.

“Era una obrera de la paz en Cali, porque nos enseñó qué significaba realmente perdonar y que todos teníamos una oportunidad, sin importar los malos caminos que hubiésemos cruzado en la vida. La hermana Alba Stella nos mostró que todos tenemos la chance de encontrar un sendero tapizado de esperanza y de bien”, dice Buenaventura.

Su historia

La hermana Alba Stella Barreto no se llamaba así originalmente. Su nombre de pila era Olga, mote que dejó atrás una vez se enroló en la Provincia San Pablo Apóstol de los Franciscanos para hacerse monja. Fue entonces, a los dieciséis años, que, pese a la incredulidad de las hermanas del colegio de la Santísima Trinidad de las hermanas Franciscanas de Bucaramanga y la incomprensión de su padre, cambió no solo su nombre, sino que sería el inicio para transformar la vida de toda una ciudad como Cali.

Sus últimos días los pasó en la Fundación Clínica Valle del Lili, donde recibía cuidados paliativos contra el cáncer y, al mismo tiempo, seguía atendiendo su Fundación Paz y Bien.

Hoy, desde las 9:00 de la mañana, la hermana Alba Stella Barreto será velada en la parroquia Cristo Señor de La Vida, en Marroquín, en el corazón del que solía ser su hogar: el Distrito de Aguablanca.

Sus frases

Sobre la opresión a los jóvenes: “El tema no es reprimir, es dar oportunidades”.

Sobre la vida en Aguablanca: “Para mí vivir en el distrito es una maravillosa experiencia, y no es una zona olvidada por el resto de Cali, será olvidada por algunas entidades de Cali, pero no por Cali”.

Sobre Paz y Bien: “Somos refugio para centenares de familias desplazadas que descargan en nosotras el dolor que les infringe la guerra y nos permiten sanar las heridas del despojo que las obliga a huir”.

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