Por Luis Gerardo Castro Castañeda / Especialpara El País

El 10 de agosto de 2026 no se olvidará. Será recordado como el día en que Roldanillo cambió. El paisaje del primer pueblo mágico de Colombia se derrumbó: la calle de las poetas, la calle 8 y buena parte del centro quedaron destruidos. Fue el día en que centenares de comerciantes perdieron todo y miles de personas quedaron damnificadas.

Recuerdo que ese día, desde la madrugada y hasta las 7:25 a. m., Roldanillo tenía una neblina que cubría sus calles y edificios, situación que no era normal en esta población.

Admiré esta manifestación de la naturaleza, propia de tierras más altas y frías. Seguí con mis amigos Darío y Jaime Posada, a quienes acompañaba para buscar al rector del UNINTEP, Germán Colonia, quien nos atendió de inmediato.

Apenas estábamos sentados en la sala de juntas cuando percibimos que estaba temblando. Empezó suave y luego arreció. Yo salí corriendo a la calle 10 y llegué hasta el lote desocupado frente a la antigua escuela “Primitivo Crespo”.

Roldanillo-Valle del Cauca Terremoto 11 agosto 2026 | Foto: SEMANA

El movimiento de la tierra era feroz. Casi no podía correr. A mi lado caían tejas y bloques de cemento, los postes se movían intensamente y los gritos de los estudiantes del Unintep, que estaban en los pisos altos del edificio nuevo, mostraban el pánico por un terremoto que parecía eterno.

Yo veía cómo caían techos, postes de energía y paredes a mi paso torpe por el movimiento de la tierra.

Miraba al suelo para ver en qué momento se abría. Parecía el fin del mundo.

Cuando al fin terminó, lo único que escuchaba eran los gritos y el llanto de centenares de personas de este sector central de Roldanillo. Solo se veía polvo que enceguecía la vista y un enjambre de abejas que picaba a quienes estaban en la calle, todavía aturdidos por lo que acababa de ocurrir.

Se escuchaba el ruido de motos y carros que salían a toda velocidad en busca de sus hijos en las escuelas, pues a esa hora la mayor parte de los menores ya estaba en las diferentes sedes educativas. El caos era total.

Fui corriendo, defendiéndome de las abejas y sorteando en la vía los vehículos que, raudos, salían a ver cómo estaban sus familiares en diferentes sectores. Todo era confusión.

A cada paso encontraba paredes y techos en el suelo y gente llorando desesperada. Algunos se abrazaban y otros, llenos de pánico, estaban paralizados.

Todo esto lo viví durante los 15 minutos que tardé en encontrar mi moto para salir a buscar a mi familia: mi esposa, mi madre y mis hijas. A mi paso solo se veía destrucción.

Cuando vi que, gracias a Dios, todos en mi familia estaban bien, me dirigí al parque principal. Allí vi cómo el pueblo mágico que conocíamos había desaparecido.

Desde la Alcaldía hasta la calle de las poetas y sus construcciones, los daños eran evidentes. Negocios, gastrobares y restaurantes estaban en el suelo. El paisaje parecía el de un lugar donde hubiera caído una bomba.

Me vinculé a las labores de la Alcaldía. Luego de unas dos horas, ya estaba con un bafle de sonido apoyando al alcalde Jaime Ríos con las primeras instrucciones, pues no había energía, señal de internet ni servicio de celular. Estábamos totalmente incomunicados.

Iglesia de Roldanillo. | Foto: Juan Carlos Sierra/SEMANA.

Solo empezábamos a conocer detalles de la destrucción de centenares de viviendas y comercios del municipio.

En una moto salía a perifonear por los sectores donde se iniciaba el censo de afectaciones y a tratar de dar mensajes de tranquilidad por medio de aquel bafle.

Era un perifoneo angustiante, en el que tenía que hacer un esfuerzo para no llorar y poder hablar con alguna tranquilidad, para transmitir el mensaje encomendado por el alcalde y su equipo de atención de la emergencia.

Así viví esas primeras horas. Creo que fueron las más largas que he vivido. Luego vino la preocupación por la falta de energía, el agua y los posibles escapes de gas.

Esas primeras horas quedarán en mi memoria como el día en que Roldanillo casi desaparece a causa de un terremoto, el más violento que he vivido.

Datos del terremoto.

El terremoto ocurrió a las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto de 2026, tuvo una magnitud de 7,4 y su epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó, cerca del norte del Valle del Cauca.

Datos parciales de afectaciones al 17 de agosto de 2026, una semana después del terremoto.

Con corte al 17 de agosto de 2026, una semana después del terremoto, se reportaban en Roldanillo 1.151 viviendas averiadas, 834 habitables y 2.029 no habitables.

En la zona rural se registraban 246 viviendas averiadas, 147 habitables y 423 no habitables. En la zona urbana, 905 viviendas averiadas, 687 habitables y 1.606 no habitables.

El informe señalaba además 90 personas en alojamiento temporal, 22 de las 38 sedes educativas afectadas, una afectación estimada del 80 % en la Alcaldía y del 80 % en el Hospital.

También se reportaban 2 víctimas, 12 heridos y 408 lesionados en labores, además de 943 animales atendidos desde el 10 de agosto.

En el sector comercial se habían censado 180 negocios, con pérdidas reportadas por cerca de $12.013 millones. En producción agrícola, las pérdidas reportadas alcanzaban los $681.399.952.

Estas cifras son parciales y continúan aumentando a medida que se conocen y consolidan nuevos datos de los sectores urbano y rural de Roldanillo.

Vehículos quedaron afectados por los escombros que cayeron de las edificaciones. Foto: Luis Gerardo Castro Castañeda.

Panorama de la carrera 7 de Roldanillo, la mayoría de los almacenes fueron afectados, sus edificaciones presentaron graves afectaciones. Foto: Luis Gerardo Castro Castañeda.