La derrota de Donald Trump en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos no solo frena el impulso de su agenda propia, sino que sacude el tablero de las relaciones bilaterales que se estaban construyendo con Colombia.
Con un Capitolio menos condicionado por la presión del ala trumpista, el presidente Abelardo de la Espriella enfrenta ahora el desafío de recalibrar el escenario de negociación para lograr apoyos demócratas desde Washington.
Para el analista político e internacional Jorge Yarce- Tamayo, una de las mayores preocupaciones en el corto plazo es el anuncio de la partida presupuestal para apoyar la seguridad de Colombia.
Si bien considera que esos incentivos económicos no se van a cambiar y la actual legislatura los aprobaría para el presupuesto de Colombia en los periodos 2027 y 2028, “esa ayuda puede sufrir modificaciones, entendiendo que las prioridades de los demócratas son diferentes, aunque no necesariamente significaría que no se reciba la asistencia estadounidense, sino que esta se dirija a otros rubros, no solamente a seguridad”.
“Los demócratas históricamente han tenido mucho interés en los trabajos sociales comunitarios y desarrollo territorial en Colombia y probablemente podrían exigir que esas partidas que estaban destinadas casi de manera exclusiva para la defensa, se vayan considerablemente a este tipo de proyectos”, anota el internacionalista.
Carlos Charry, PhD. en Sociología y docente de la Universidad del Rosario, anota que la agenda de Colombia y Estados Unidos seguirá centrándose en temas de narcotráfico y seguridad.
Asegura que “no se va a cambiar el enfoque de ambos países, pero sí va a haber un freno al impulso de esas políticas, llevando necesariamente a que la agenda de Abelardo de las Espriella con Estados Unidos tenga que ser negociada con la bancada demócrata”.
Para él, a partir de ahora se va a producir un cambio importante en las relaciones internacionales de Washington, porque el presidente Trump no va a tener tanta libertad para tomar decisiones.
“Muy probablemente el Congreso presione al gobierno para que busque una salida negociada y para Colombia esto también va a tener efectos en términos de que no va a haber tanta libertad de Donald Trump para la configuración del ‘Escudo de las Américas’ y para imponer sus políticas en el hemisferio occidental a su gusto”, señala.
Yarce insiste en que “Colombia retomó un rumbo dentro de la diplomacia internacional más tradicional y volvió a tener diálogo directo con las dos bancadas. Eso significa que, sin importar quién esté en la Casa Blanca, Bogotá debería contar con importantes aliados tanto con los demócratas como con los republicanos”.
“Quedan en vilo proyecciones que se habían dado para el final de gobierno de Donald Trump, acompañado en plenitud por los republicanos, con muchas facilidades para las decisiones legislativas y casi de talante autoritario que le permitían ejercer con plena libertad su voluntad, pero volvemos a un escenario donde la concertación tendrá que ser el punto crítico y que es la mayor debilidad del presidente Donald Trump, que no está presto a ningún tipo de negociación”, agrega.