Por Andrea Moreno, periodista de El País
La reunión entre el presidente Gustavo Petro y su homólogo estadounidense, Donald Trump, prevista para este martes 3 de febrero en la Casa Blanca, llega en medio de un contexto de relaciones bilaterales marcadas por la tensión y la incertidumbre, tras varios episodios de fricción diplomática desde la llegada al poder del republicano.
El encuentro ha generado gran expectativa, no solo por los temas estratégicos a tratar, como la migración, el narcotráfico y Venezuela, sino por el tono con el que el Mandatario colombiano ha anticipado la cita, dado que recientemente, en medio de un evento en Bogotá, aseguró que la reunión será “determinante no solo para su gobierno, sino para la vida de la humanidad”.
También afirmó que Estados Unidos debería “devolver a Nicolás Maduro” para que sea juzgado en Venezuela, además de reiterar sus críticas a la política exterior de Washington frente a conflictos internacionales como el de Gaza.
Estas declaraciones han elevado el nivel simbólico y político del encuentro, al tiempo que han encendido alertas sobre el impacto que podrían tener en la relación bilateral con la Casa Blanca.
Para el analista Álvaro Benedetti, el discurso de Petro no es improvisado, sino una estrategia para reordenar la agenda antes del encuentro con Trump: “No creo que esté subiendo el tono por impulso, sino intentando reordenar la mesa antes de sentarse”.
A su juicio, al llevar la conversación hacia Venezuela, misiles y legalidad, el Presidente busca “desplazar el eje de los temas donde Washington tiene superioridad estructural a un terreno normativo y simbólico donde puede disputar legitimidad”.
Benedetti advierte que esta jugada puede servirle al Jefe de Estado colombiano para blindarse ante su base política, pero que también implica riesgos. “Si Trump responde en clave de fuerza, Petro queda atrapado entre retroceder y pagar un costo interno, o escalar y pagar un costo bilateral”, señala.
En ese escenario, el analista prevé que el resultado no sería una ruptura inmediata, sino “una relación más intermitente, con cooperación técnica por debajo y fricción política por arriba”.
Desde una mirada más pesimista, el analista y docente Pedro Pablo Aguilera considera que lo mejor que podría pasar durante el encuentro del martes “es que se llegue a acuerdos migratorios para las deportaciones, acciones conjuntas de interdicción por mar y aire y mejorar los canales de comunicación”.
Sin embargo, cree que la reunión podría terminar en un fracaso si el colombiano se mantiene firme en sus posturas frente a Maduro y Gaza. “Si acepta los reclamos de Estados Unidos y cambia su postura, será visto como un flojo por la izquierda radical, pero si confronta a Trump podría recibir un regaño público y usarlo políticamente desde un nacionalismo antiimperialista”, agrega.
En el análisis de Aguilera, para Washington “Petro es una cosa y Colombia es otra”, por lo que la relación con el país se mantendría en un nivel formal, más allá del tono personal entre los mandatarios.
Una lectura aún más crítica plantea el politólogo Jaime Gutiérrez, quien sostiene que los escenarios del encuentro son, en esencia, imprevisibles: “Son dos gobernantes que no son estadistas. Una cosa es gobernar y otra cosa es tener la capacidad estadista”.
Según él, Trump actúa movido por el ego y por una lógica empresarial en las relaciones internacionales, mientras que Petro lleva los asuntos del Estado a terrenos personales e ideológicos. Más aún, “está manejando los asuntos de la alta política con connotaciones no solamente ideológicas, sino también personalistas y de creencias muy controversiales”.
Dice el politólogo que esa disparidad de personalidades hace que no se sepa “cuál de las dos lógicas puede imponerse: la del show o la de tratar de llevar la relación en paz”.
Y advierte que las recientes declaraciones de Petro pueden influir “de forma total y radical” en el desarrollo del encuentro. “Hoy seguro el Departamento de Estado de los Estados Unidos está reevaluando la estrategia para la reunión, después de que Petro igualó a Trump con Maduro, le dio órdenes a la justicia norteamericana y pretendió presionar públicamente a los soldados estadounidenses”, sostiene.
En ese contexto, Gutiérrez alertó sobre el riesgo de una escena de confrontación pública: “Trump podría tratar de llevar por debajo a Petro y humillarlo frente a las cámaras, como lo hizo con Zelensky en 2025. Ahora, hay que ver de qué se podría pegar con Petro, que claramente lo ha atacado”.
No obstante, considera que, a nivel estructural, la relación con Washington no tendría cambios drásticos. “El Estado colombiano históricamente ha sido aliado de Estados Unidos y la Nación ha dejado claro que las posiciones de Petro no representan a todo el país”, señala, recordando que gremios y autoridades locales han buscado marcar distancia frente a los discursos del Presidente.
Sin embargo, el impacto político podría sentirse con más fuerza en el plano interno. Según Gutiérrez, la estrategia del Mandatario colombiano estaría orientada a fortalecer sus bases de izquierda radical, que ven a Washington como un enemigo ideológico, y a actualizar la confrontación como un elemento de movilización electoral: “Las relaciones con EE.UU. van a condicionar la elección del próximo Presidente, como no ocurría hace más de un siglo”, advierte.
El cierre geopolítico lo plantea el politólogo Alejandro Echeverry Gómez, quien advierte que “la próxima reunión entre Gustavo Petro y Donald Trump no es un encuentro protocolario, ni mucho menos un gesto de buena vecindad. Es una auditoría política: Washington evalúa y Bogotá se defiende”, en un escenario donde la diplomacia tradicional ha sido desplazada por dinámicas de presión y coerción.
El analista plantea tres escenarios: una distensión mínima con comunicados amables; una normalización condicionada, con mayores exigencias antidrogas y geopolíticas; o un choque controlado, con una relación fría marcada por advertencias, sanciones y presiones administrativas.
En su lectura, las palabras de Petro se convierten en activos o pasivos reales de poder. “La administración Trump ha demostrado que sabe cobrar con instrumentos burocráticos, financieros y diplomáticos. El poder hoy viste traje gris y firma memorandos”, concluye.
En definitiva, más allá de los resultados concretos de la reunión del martes en la Casa Blanca, dicho encuentro podría redefinir el tono de la relación bilateral y convertirse en un factor clave de la agenda electoral colombiana, por lo que el país está expectante.