La carrera por la Casa de Nariño ha tomado un matiz de tensión dentro de los sectores de la derecha colombiana. El abogado y hoy candidato presidencial, Abelardo de la Espriella, se pronunció de manera directa tras el reciente “llamado de atención” que le hiciera públicamente el expresidente Álvaro Uribe, dejando en evidencia las fisuras que existen entre su movimiento y el Centro Democrático.
El detonante de este cruce de mensajes fue un video publicado por el exmandatario en sus redes sociales. En dicha pieza, Uribe advirtió que la estrategia de De la Espriella podría estar “atentando contra la posibilidad de que la democracia gane“, señalando supuestos maltratos y ataques dirigidos hacia la senadora y también candidata Paloma Valencia.
Ante la contundencia del reclamo, el líder de “Defensores de la Patria” no guardó silencio y utilizó una metáfora familiar para fijar su postura. “Los padres también se equivocan y pueden ser tremendamente injustos en ciertas ocasiones”, escribió el jurista, quien añadió que su deber como “buen hijo” es honrar al exjefe de Estado a pesar de las circunstancias actuales.
La molestia en las filas del uribismo radica en que, según los directivos del partido, De la Espriella ha intentado encasillar a Paloma Valencia como una ficha del establecimiento tradicional. Esta narrativa ha sido calificada como falsa por figuras como Gabriel Vallejo, director de la colectividad, quien exigió una rectificación inmediata del candidato.
Vallejo fue enfático al señalar en una entrevista que la senadora representa la “nueva política” y que no es acertado tratar de generar una narrativa que la vincule con las viejas prácticas electorales. No obstante, para la campaña del abogado, las recientes alianzas de Valencia con partidos tradicionales son una muestra de politiquería.
El distanciamiento se ha profundizado debido a que De la Espriella insiste en presentarse como un outsider que no acepta avales de estructuras políticas convencionales. Mientras tanto, Paloma Valencia ha consolidado apoyos de sectores importantes como el Partido Conservador y gran parte del Partido de la U.
En medio de este choque, Abelardo de la Espriella intentó desviar el foco del conflicto interno hacia su principal rival en la contienda. El candidato aseguró que su único “enemigo real” es el aspirante del oficialismo, Iván Cepeda, a quien prometió derrotar con el apoyo del fervor popular.
Entretanto, el panorama de apoyos sigue moviéndose de manera impredecible. Aunque algunos sectores de Cambio Radical han quedado en libertad para elegir, figuras visibles como Jota Pe Hernández y Katherine Miranda han manifestado su respaldo a Valencia, alejándose de las directrices de la Alianza Verde.
Esta división ocurre a escasas semanas de las elecciones del 31 de mayo, un momento crítico donde la falta de una unión sólida podría pasarle factura a la derecha en la primera vuelta.
Finalmente, el debate queda abierto sobre cómo afectará este roce la intención de voto de los ciudadanos que aún no se deciden entre la experiencia institucional de Valencia o el discurso disruptivo de De la Espriella. Lo cierto es que la relación entre el pupilo y el mentor atraviesa hoy uno de sus momentos más complejos.