La revelación de más de 70 casos de posible clonación de placas detectados en Cali desde febrero de este año debe encender todas las alarmas. No se trata de una irregularidad menor ni de simples conductores intentando evadir comparendos. Estamos frente a una modalidad criminal que les permite a delincuentes moverse por la ciudad bajo identidades falsas, reduciendo la posibilidad de rastreo y facilitando delitos de alto impacto.

En ese sentido, resulta positivo que la ciudad esté comenzando a utilizar las cámaras de fotodetección más allá de su función sancionatoria. Durante años, desde distintos sectores ciudadanos y desde el propio Concejo de Cali, se insistió en que estos dispositivos no podían limitarse únicamente a imponer multas, sino que debían convertirse en herramientas de seguridad y prevención del delito. Hoy se empieza a ver ese potencial.

La incorporación de inteligencia artificial para comparar tiempos de desplazamiento, características físicas de los vehículos y patrones de movilidad representa un avance importante. Que el sistema pueda detectar, por ejemplo, un taxi circulando en el sur y otro con la misma placa apareciendo minutos después en el norte de Cali, demuestra que la tecnología puede ayudar a cerrarles el paso a estructuras ilegales que antes operaban prácticamente invisibles.

También es valioso que esta información esté siendo compartida en tiempo real con la Policía Metropolitana y con organismos de investigación. En una ciudad golpeada por delitos como el hurto, el fleteo, el microtráfico e incluso atentados terroristas, contar con herramientas de trazabilidad puede marcar la diferencia entre prevenir un crimen o llegar muy tarde.

Sin embargo, sería un grave error conformarse únicamente con la identificación de los vehículos sospechosos. Detectar las placas gemeleadas apenas es el primer paso. La ciudad necesita una estrategia contundente que permita actuar de inmediato cuando el sistema genere una alerta, pues de poco sirve reconocer el problema si los automotores continúan circulando libremente por las calles.

Es urgente que las autoridades activen planes operativos específicos para interceptar estos vehículos. La articulación entre Movilidad, Policía, Fiscalía y Secretaría de Seguridad no puede quedarse solo en el intercambio de información. Deben existir protocolos claros para ubicar, detener e inmovilizar automotores sospechosos en tiempo real, especialmente aquellos relacionados con actividades criminales.

Detrás de cada placa clonada existen redes dedicadas a fabricar matrículas falsas, alterar documentos y facilitar identidades ilegales. Ahí es donde debe concentrarse gran parte del esfuerzo institucional: en desmantelar esas estructuras que han encontrado en la clonación vehicular un negocio rentable y peligroso.

Tampoco puede ignorarse el impacto sobre ciudadanos inocentes. Hay propietarios que descubren que sus placas fueron clonadas solo cuando empiezan a llegarles comparendos o cuando aparecen vinculados a investigaciones judiciales. El daño para estas personas puede ser enorme, tanto en términos económicos como legales, mientras intentan demostrar que nunca estuvieron en el lugar donde ocurrió el delito.

Cali tiene hoy una oportunidad importante para convertir la tecnología en una verdadera herramienta de seguridad ciudadana. El avance logrado con las cámaras inteligentes merece reconocimiento, pero la ciudad no puede quedarse únicamente observando las pantallas y acumulando reportes. El verdadero desafío está en reaccionar, capturar a los responsables y desmontar las redes criminales que siguen moviéndose bajo placas falsas. Porque en seguridad, identificar el problema nunca será suficiente si no se actúa con contundencia para detenerlo.