No, no, me voy a referir a yo, o a mí como persona, pero creo que es la palabra que más usamos en nuestras conversaciones… yo creo, yo opino, yo estoy seguro, no sé si yo estoy de acuerdo, yo soy un berraco, yo, yo, yo, en fin, yo creo que esa es la palabra que mejor nos describe, un poco asociada al ego.

Realmente, ‘Yoyo’ es el nombre de mi amado perro, que fue bautizado así por las personas que lo rescataron y me lo dieron en adopción; creo que el nombre fue puesto por el hecho de que brinca y salta como un yoyo.

Mi perro es mi fiel compañero y maestro de vida; siempre está dispuesto a perdonarme aun cuando por mal genio lo regaño, y después que lo hago, me mira con una cara de ternura que rápidamente me enseña que de la bravura no queda sino el cansancio.

Nosotros los humanos nos creemos más inteligentes, pero YO, óigase bien, YO, creo lo contrario. Ellos no conocen muchos de los males que nos acechan como especie, por ejemplo la envidia, la venganza, la ira y el juicio; no acumulan y tienen la capacidad de dormir plenamente sin los insomnios tan frecuentes en nosotros, el hombre moderno.

Yoyo particularmente tiene unos comportamientos bien sui géneris; cuando se frustra o se siente atacado por otros perros, en vez de responder atacando, se persigue la cola y eso desconcierta a sus atacantes. En los años que lleva conmigo, nunca ha tratado de morder ni a una persona y mucho menos a otros animales. Con los guatines juega “a ver si me alcanzas”, solo que siempre pierde porque, claro está, ellos son mucho más rápidos que él.

Es mi compañero 24/7, va conmigo todos los días a la oficina, tanto que ya lo nombré gerente de contrataciones, porque la verdad, para las finanzas está negado.

En un mundo convulsionado en que vivimos, las otras especies nos llevan una ventaja enorme, porque, a diferencia de nosotros, ellos no están atentando con una destrucción masiva. Si nosotros como especie no corregimos nuestro rumbo, seguramente nos extinguiremos como especie, mas no ellos. Los animales no acumulan en bóvedas, cazan para la subsistencia diaria, mientras nosotros tenemos toneladas de oro en los bancos y en nuestros closets, oro que no podremos comernos en una hambruna.

Estamos a tiempo, todavía podemos; sigamos el ejemplo de nuestros compañeros de viaje en esta bella nave, que es el planeta Tierra. Vivíamos en paz con nosotros mismos y con todo a nuestro alrededor; apoyemos causas justas y manifestemos nuestros desacuerdos de manera respetuosa.

Yo, por mi parte, me siento bendecido por el maestro que me mandaron, mi fiel compañero, Yoyo.

Posdata. Creo que voy a cambiar de puesto a Yoyo en la oficina; de ahora en adelante será el terapeuta ocupacional.