Lo ocurrido en Davos, Suiza, el ya tradicional encuentro del más alto nivel político, económico y social en el nivel mundial, había dejado claridad sobre lo que ya se denomina la ruptura del orden internacional, creado como respuesta a las dos guerras mundiales de comienzos del Siglo XX, y que había regido a la humanidad, y valga la repetición, la había humanizado durante 80 años.
El discurso del Primer Ministro canadiense adquirió una visibilidad inusitada y fue una especie de convocatoria para que se reconstruyera un nuevo orden bajo la influencia de las naciones que no ostentaban máximo poder. El esperado discurso del presidente Trump reafirmó las distancias entre Europa occidental y los Estados Unidos, que ya venían siendo señaladas desde hace más de 20 años, pero que todavía no encontraban una expresión tan contundente.
Y el tema de si habría alguna confrontación militar dentro de la principal organización estratégica mundial, la Otan, en torno a la cuestión de Groenlandia, que finalmente fue clarificada, y se diría que superada, gracias a los esfuerzos del presidente de la misma, quien ofreció una propuesta que finalmente Trump aceptó como buena para todos. Y ello, no obstante que la máxima autoridad de Dinamarca expresara que tal funcionario no podía hablar en nombre de Groenlandia.
Davos pasará a la historia como el lugar que no solamente vivió esa ruptura, sino en el cual la famosa Junta de la Paz, que el presidente Trump había organizado para manejar la posguerra en el terrible conflicto entre Israel y Palestina, se vio también desafiada porque de alguna manera sustituía la función del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Davos fue, al mismo tiempo, la expresión del punto final del orden internacional que había perdurado durante 80 años y del surgimiento de un intento de creación de un nuevo orden todavía en gestación, y cuyos lineamientos aún no ofrecen la claridad necesaria para que el mundo vuelva a marchar en forma ordenada, dentro de lo que el presidente Macron denominó marcos de reglas, o sea, si así se podría decir, una nueva constitución mundial.
Fue muy significativa la ausencia del Secretario General de la ONU. Como que así queda claro que el viejo orden internacional ya no contaba tanto y que estaba en proceso de elaboración un nuevo orden. A tal punto que la reunión convocada por el exministro colombiano Díaz Granados, en Panamá, se anuncia ahora como el Davos latinoamericano, pese a que solamente asistieron unos cuantos jefes de Estado, y el colombiano llegó tarde, lo que no nos ocurrió cuando se construyó el orden internacional de la posguerra. En la gestación de la ONU y de la OEA, que reemplazó la Unión Panamericana, fuimos muy activos. Veremos que sigue y cómo nos comportamos.
La entrevista entre el presidente Trump y el presidente Petro ofrece una oportunidad inigualable para que se establezca el papel que Colombia puede y debe jugar tanto en la nueva arquitectura del orden internacional global como en la respectiva del hemisferio occidental.
Mientras tanto, en Colombia vivíamos una semana no menos significativa, tanto en términos internacionales como domésticos, principalmente en el jurídico, que tanta fuerza y significación ha tenido históricamente entre nosotros. Sin descontar, por supuesto, las tragedias que siempre nos acompañan.