La joya arquitectónica más importante en materia de hotelería y turismo del suroccidente colombiano se llama Hotel Monasterio.
Hotel que estuvo a punto de llegar a los 30 años manejado por la cadena hotelera Dann Carlton, pero que no logró ponerse de acuerdo en la renovación del contrato con la Gobernación del Cauca y hoy está a disposición de los operadores turísticos nacionales e internacionales.
Considerado Monumento Nacional y Bien de interés Cultural desde 1996, cuando fue remodelado y adecuado para el uso hotelero, el Monasterio a través de la mencionada cadena, ha venido prestando un servicio excepcionalmente eficiente, no solo para la actividad turística sino en la conservación y mantenimiento del imponente patio central, los espaciosos corredores con arcadas de sus dos pisos, las fuentes de piedra y las celdas de los monjes convertidas en confortables y espaciosas habitaciones, de este emblemático e histórico edificio de la Ciudad Blanca.
Es indiscutible el aporte del hotel Monasterio al turismo de la región, que como epicentro de los eventos más importantes de la ciudad y referente histórico, merecería la mejor de las suertes ahora que soplan nuevos vientos para la seguridad nacional, y que repito, alguna cadena local o extranjera se interesara en manejar su operación beneficiándose del turismo cultural y religioso propios de la ciudad y del entorno para el ecoturismo de la región.
No es un secreto para nadie que en los últimos años la economía, pero sobre todo el turismo y por ende la hotelería, han sido duramente golpeados por las actividades subversivas de los grupos armados que lograron paralizar esta región del país.
Pueda ser entonces que con el Gobernador a la cabeza se logre rápidamente algún acuerdo para no cerrar las puertas de este emblemático hotel, sin que el departamento del Cauca pierda su control y pueda seguir operando como lo ha hecho en estos casi se lustros, sobre todo ahora en que el nuevo gobierno ha prometido un renacer de estas actividades en el sur de este postrado departamento.
La actividad hotelera debe renacer en Popayán, una ciudad llena de historia con una intrínseca vocación turística.