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Un mensaje ‘Rubio’
Creo no equivocarme al señalar que el mayor mal que aflige a Colombia -¿quizás al mundo?- es el narcotráfico, mirado desde cualquier perspectiva.
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11 de sept de 2026, 01:54 a. m.
Actualizado el 11 de sept de 2026, 01:54 a. m.
En una de las nuevas capitales que hoy tenemos, Barranquilla, acaba de llevarse a cabo la visita del señor Secretario de Estado de los Estados Unidos, don Marco Rubio, nacido en Miami de padres cubanos, exiliados por el régimen castrista que tanto castigó a quienes no estuvieran de acuerdo con el sistema comunista.
Rubio es un personaje que quiere a Colombia, casado por cierto con una hija de colombianos, doña Jeanette Dousdebés. Y vino complacido, acatando nuestra soberanía, bajo las instrucciones conocidas del presidente Trump. O sea, que el pensamiento de Rubio ya era conocido, acorde por cierto con las banderas de la pasada campaña electoral triunfante de Abelardo De La Espriella y con las manifestaciones reiteradas de Trump.
En el gobierno del señor Petro se diezmaron y debilitaron las Fuerzas Armadas de Colombia y se les dieron garantías especiales a los grupos subversivos, todo dizque en busca de alcanzar con ellos una paz verdadera. Con tales garantías consiguieron los violentos el armamento más moderno y sofisticado, usan uniformes militares vistosos con todo tipo de dotaciones relucientes, ya estrenadas bajo el impulso del asesinato de sus compatriotas. Todos sabemos de qué manera crecieron tales grupos insurgentes, bajo el pretexto de establecer con ellos entendimientos de paz. que reducían el poder del ejército.
No hubo por supuesto impedimento de conciencia que les impidiera a tales criminales hacer alardes y levantar amenazas que cumplían, como lo hacía con estruendo el bandido Naín Toncel, quien llamativamente usaba el alias de ‘Bendito Menor’, hoy ante el juicio del Creador, al igual que lo está su mujer, a la que también llamaban la ‘Bebecita’, cómplice de todos los arrebatos de violencia con que ensombrecían los litorales agrestes de la Guajira. Y del Cauca y del Norte de Santander y de Nariño y gran parte del Valle del Cauca y Antioquia.
Creo no equivocarme al señalar que el mayor mal que aflige a Colombia -¿quizás al mundo?- es el narcotráfico, mirado desde cualquier perspectiva. O sea que un gobierno con las armas disminuidas como lo dejó el señor Petro, con un ejército golpeado y también disminuido, resultado de la misma gestión de Ogro que nos gobernó durante aquellos cuatro años de pesadilla, no podría llegar a ganar la guerra, a menos de recibir ayudas superiores que nos permitan enfrentar los cohetes y los drones de que disponen los criminales con abundancia de recursos, que además asumen como marxistas, cuando el comunismo, históricamente, dejó de ser el poderío superior que fue en el Siglo XX.
Ellos, Cepeda, Petro y todos los demás, son los corifeos de estas nuevas hazañas, que piensan habrán de generar un nuevo gobierno para el 2030. Ja ja. La historia en verdad, sí se equivoca y sí se devuelve, como ocurrió cuando Cepeda con el voto-fusil y la participación inocultable del señor Petro, recorrió el país en campaña, mientras éste aumentaba la deuda externa, entregaba dinero a sus partidarios y duplicó de un solo mandato el salario mínimo, sin importar que se quebraba la salud de todos, se aumentaba la deuda pública y se desequilibraba toda la economía.
Hoy tenemos las mayores dificultades económicas que se aumentaron con el terremoto; y se han descubierto más peculados, incluso de mujeres sobre las que el señor Petro había hecho recaer sus ojos, ambiguamente puestos antes en mujeres y hombres. Y creyeron a pie juntillas, Petro y Cepeda, que habían ganado el 21 de junio. Cuando a pesar del voto-fusil, habían perdido.
Hay que retornar a la paz. ¿Cómo? Como lo dice De La Espriella, pidiéndoles a los bandidos que se entreguen, o dándoles la batalla triunfadora. Así se ha hecho la historia del mundo. El poderío de las armas mantiene el estado de derecho y la justicia. Mejor dicho, sin armas que superen a las de los bandidos, no puede haber una paz democrática y justa. Ese ha sido el derecho, desde los tiempos de Pericles y de Julio César.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra
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