La captura de Nicolás Maduro y el final de su gobierno ilegítimo es una noticia que cambia el curso de Venezuela y América Latina. A lo largo de las últimas horas hemos conocido nueva información y noticias sobre la operación, y también han surgido preguntas que todos debemos poner sobre la mesa frente al futuro de Venezuela y de América Latina.
Claro que debemos hablar de las consecuencias de una intervención militar en la región y mostrar preocupación con que otro gobierno intervenga en territorio latinoamericano. Pero también debemos preguntar de forma realista qué otras opciones reales existían para la salida de Maduro del poder luego del fraude electoral de 2024. Los venezolanos exploraron cada camino posible, desde las protestas, la oposición, el famoso cerco diplomático, el experimento de Guaidó, los diálogos que llevaron a los acuerdos de Barbados y finalmente la elección de 2024, que ganó la oposición y en la cual cometió un gravísimo fraude el régimen de Maduro. La oposición recorrió cada camino con persistencia y respeto por la democracia.
Desde Colombia, el presidente Petro repite el argumento de que la salida a la larga crisis venezolana solo se puede alcanzar desde el diálogo. Pero ese argumento, con el que el Gobierno colombiano aceptó de manera vergonzosa que Maduro permaneciera en el poder, pierde cualquier sentido si se analiza el contexto reciente. Se suman casi diez años de varios procesos de diálogo entre el régimen de Maduro y la oposición, en los que incluso se firmaron acuerdos que Maduro abiertamente incumplió. La oposición aceptó participar en las elecciones de 2024, las ganó y se las robaron. ¿Qué más diálogo pide el presidente Petro? Su eterno comodín de pedir un diálogo más parece una carta blanca con la que legitimaba la permanencia de Maduro en el poder.
Aquí debe ser dicho que ver al presidente Petro compartir ante el mundo los comunicados del gobierno ilegítimo de Maduro es otra prueba de que Petro es lo más cercano al chavismo que hay en Colombia. Es una enorme vergüenza ver al presidente de Colombia de portavoz y amplificador del régimen de Maduro en una hora tan decisiva para América Latina. Aún más inquietante es la reacción de miembros del alto Gobierno colombiano, que desde el puesto de mando unificado en la zona de la frontera enviaron un mensaje público luego de la captura de Maduro que decía “presidente Petro, usted no está solo. Aquí tiene su equipo”. Una expresión de solidaridad pública como esta le reitera al país la inocultable cercanía entre los dos gobiernos.
Los colombianos no podemos olvidar que durante casi dos décadas el régimen chavista ha patrocinado y apoyado la presencia de grupos ilegales colombianos en su lado de la frontera, y ha intervenido en los procesos políticos e informativos de nuestro país. Así como lo hizo Chávez, el ilegítimo Maduro ha protegido a varios grupos criminales que le han causado inmenso sufrimiento a Colombia. Con toda la razón, Maduro es el dirigente internacional más impopular en nuestro país y esto deja aún más preguntas sobre el porqué del largo apoyo ofrecido por el actual Gobierno colombiano.
Hay una imagen que resume y simboliza todo lo que ha ocurrido en las últimas horas: Maduro advertía -como todos los megalómanos lo hacen– que si llegaba su caída del poder, una gran parte de la ciudadanía de Venezuela saldría en su defensa y a evitar su caída, y con eso advertía una guerra. Pero hemos visto que cayó solo, lejos de la resistencia con la que intimidaba y amenazaba. Esto debe recordarnos algo que se aleja de las amenazas de los tiranos y es que los pueblos no se hacen inmolar por sus verdugos.
Mientras escribo esta columna siento una especial preocupación por las horas que están por venir y por el futuro inmediato de Venezuela. ¿Quién la gobernará a partir de ahora y hasta cuándo? ¿Cómo recuperará el nuevo gobernante la legitimidad que Maduro destruyó? ¿Qué hará esa persona para construir una Venezuela reconciliada, pacífica y con garantías?
Empieza 2026 y todos los ojos del mundo están puestos en Venezuela y en la esperanza de libertad luego de años de tiranía e injusticia. Los colombianos debemos recordar que la tragedia de dos décadas que vive Venezuela no empezó con llamados a una dictadura, sino con promesas de constituyente y narrativas de dignidad, autodeterminación y anti imperialismo. Es posible saber cómo empieza todo con la invitación populista a reescribir y cambiar todo –la misma que hoy toma fuerza en Colombia–, pero no cómo termina.
@fernandoposada_