Hay sectores de la política y la población que persisten en arrinconar al mundo entre dos bandos, de un lado los de derecha y al otro los de izquierda. No solo dividen, sino que se embarcan en rígidos conceptos e impiden a sus líderes crecer, de espaldas a su momento histórico y al consejo de sabios.
Se descalifica a una figura política de carácter conservador por incorporar en su equipo y programas de gobierno, en un eventual mandato presidencial, a quien tenga posiciones diferentes a la suya en algunos aspectos, aunque coincidan en muchos otros. Se ignora que buscar soluciones a problemas fundamentales del país en diálogo con personas ricas en experiencias y puntos de vista demuestra una actitud práctica que valora las ideas, creencias y conocimientos en función de la eficacia o utilidad para el progreso social, antes que dividir y desconocer la diversidad del país.
Podría decirse que, desde el pensamiento de Michael de Montaigne, la virtud de la moderación que aconseja y su conservadurismo pragmático ofrecen gran enseñanza en las decisiones políticas. Para este filósofo de la vida, cuando hay dos polos opuestos, en cualquier caso conviene optar por la medianía, con lo cual se evitan los extremos violentos y se preserva la paz sobre el dogmatismo. En sus ‘ensayos’ también observa que el diálogo es base creadora de conocimiento y que la mitad de la palabra pertenece a quien habla y la otra mitad es de quien escucha, con lo cual tiene responsabilidad tanto el emisor como el receptor al interpretar.
Los ganadores con una gran votación en la Gran Consulta por Colombia, Paloma Valencia, candidata a la presidencia, y Juan Daniel Oviedo, como vicepresidente, ambos de fe católica, son una fórmula joven, diversa, inclusiva e inteligente, que promete una política diferente, decididos a trabajar por Colombia. Ellos pueden ser una oportunidad de cambio para ganar en la primera vuelta de una vez, si una mayoría de colombianos que no desea más del gobierno actual en cuerpo ajeno opta por elegirlos, ganando tiempo y ahorrándole recursos al país.
Crecer un líder en su formación para ser un verdadero estadista necesita vocación de diálogo y capacidad de construir y actuar con sensatez para tomar decisiones fundadas y lógicas, incluso desde el inicio de la campaña, porque -siguiendo al mismo filósofo- se diría que la cuestión no es quién llegará, sino quién efectuará la mejor y más bonita carrera. La experiencia así adquirida le permite conclusiones propias con independencia de sus mentores, porque ahora se debe ante todo a un país entero. Es el viraje tranquilo hacia el centro que reclama la gente del común para sanar a la Nación de la radicalización y los odios sin las engañosas etiquetas ‘de progreso’ o del populismo.
Está bien decir, como lo hacen desde la Gran Consulta, que conversar con principios y sumar entre distintos es una nueva forma de hacer política, es construir en la diferencia sin prejuicios, para no volver al pasado; es un mensaje de tranquilidad y de humanidad para enfrentar una crítica realidad.
Hoy nos conmueve el fallecimiento de los soldados del Ejército Nacional en el accidente en Puerto Leguízamo, al tiempo que nos emociona ver a la comunidad que de inmediato llegó al rescate de las víctimas. Mientras se investigan las causas, el jefe de Estado ha sido diligente en endilgar la responsabilidad a otros, como es usual en él.