Si algo distingue a Petro de sus adversarios es su carácter visionario. A diferencia de ellos que, junto con los medios que les sirven, se enfrascan en las denuncias de casos de corrupción y en las vicisitudes de la funesta guerra contra el narcotráfico, él piensa en grande y se atreve a imaginar un futuro luminoso para el país.

Así lo hizo con el lema Colombia potencia mundial de la vida y cuando quiso poner al país en la vanguardia de la lucha mundial contra el cambio climático. O a la cabeza de la defensa del derecho internacional, apoyando la demanda de Suráfrica contra los responsables del genocidio de Gaza.

También lo hizo con la muy oportuna y pertinente propuesta electoral de construir un tren que uniera a Barranquilla con Buenaventura, que desgraciadamente no pudo ni siquiera empezar. Los jíbaros, esa tribu dada a la reducción de cabezas, han hecho estragos entre nuestra burocracia y nuestra clase política, a juzgar por el hecho de que sus cerebros se han quedado tan pequeños que no les permiten siquiera imaginar lo que es una estrategia de desarrollo nacional con objetivos de largo plazo. La propuesta sin embargo sigue en pie y tarde o temprano se hará realidad para beneficio de todo el país y especialmente de Cali y el Valle del Cauca.

Hace poco Petro estuvo en México y en uno de los discursos que dio contó la mala suerte corrida por otra de sus propuestas visionarias. La construcción del megacentro de datos en Santa Marta que estaría conectada por cable con los cinco continentes. La formuló inicialmente uno de los gigantes estadounidenses de la Inteligencia Artificial, pero él la rechazó porque no permitía a Colombia el más mínimo control de los datos acumulados y procesados en dicho Data Center.

En busca de una mejor alternativa acudió a los chinos, que le ofrecieron muchas mejores condiciones. No solo le permitían a Colombia el control del centro. También le ofrecieron los súper ordenadores y la asesoría técnica indispensable para construirlo y garantizar su normal funcionamiento.

Pero, como el caso del ferrocarril Barranquilla- Buenaventura, tampoco pudo cumplir sus deseos. Y por efecto del mismo jibarismo antes citado. Abelardo firmó en Barranquilla un Memorando de entendimiento que ni siquiera menciona la posibilidad de construir un Data Center. Se limita a entregar la explotación de nuestras tierras raras a las multinacionales estadounidenses.