Los errores pasan factura, tarde o temprano. La paliza que recibió Donald Trump y el Partido Republicano en la elección de Congreso de mitad de mandato en los Estados Unidos lo confirma. Bofetada buscada pues el balance del gobierno en distintos frentes es más agrio que dulce. Así lo expresó en las urnas el pueblo norteamericano. Giro que anticiparía un reposicionamiento político de los Demócrata con efectos colaterales que repercuten en Colombia.

Trump quiso, con razón, equilibrar la balanza comercial con una política agresiva de aranceles con poco tacto y éxito a la fecha pues su país importa cada día más de lo que exporta. Por otro lado, el costo de vida sigue por las nubes, causado en gran medida por el alto precio de la gasolina disparado por la guerra en Irán, hoy fuera de control. Trump intentó sellar un acuerdo previo a las elecciones y los iraníes no se lo facilitaron. Un error de cálculo garrafal.

Si la aventura en Oriente Medio ha sido desastrosa no es mejor en nuestro continente. El caso de Venezuela es patético. Llevarse a Maduro para gobernar con los criminales a cambio de petróleo es nauseabundo y solo ahora, víspera de las elecciones, permitió el regreso de María Corina. Qué decir de la provocación irracional y constante a Canadá y de las escaramuzas sin norte al régimen de Cuba. El show y la improvisación se agotan.

Regresando a lo doméstico, los atropellos en materia de migración sí que le han salido caros. La detención y deportación de extranjeros a las patadas y el maltrato de los de ICE a más de un norteamericano -con muertos encima- rebosó la copa. Los estadounidenses no están dispuestos a cohonestar una policía secreta. El autoritarismo encuentra límite. Esta es una de las variables que explican el descalabro político de los Republicanos.

No menos impactantes han sido los escándalos de corrupción del Presidente y su familia. Negocios financieros y de criptomonedas y regalos de gobiernos y empresas a cambio de favores se suman a los entuertos del pasado que la justicia apreció con benevolencia. Si algo encoleriza a los norteamericanos es el abuso del poder en beneficio propio. No en vano, luego del costo de vida, la corrupción es su principal tema de preocupación hoy.

De acuerdo con algunos analistas, la paliza se debería también a cansancio por el estilo arrogante, pendenciero y discriminatorio del presidente. Su carácter narcisista, que más de uno confunde con liderazgo y firmeza, empezaría a fatigar. Salir a decir que perdieron la mayoría en el Senado y en la Cámara porque su foto (la de Trump) no estaba en el tarjetón refleja su egolatría enfermiza. Olvida que el 60 % de norteamericanos desaprueba su gestión.

Se esperaba un repunte de los Demócratas, pero no una mayoría en ambas Cámaras. Aunque Trump le restó importancia, hay un nuevo mapa político con sus debidas repercusiones. No la tendrá fácil en el Congreso y quizá deba replantear algunas políticas, pues lo que está en riesgo es la continuidad de su partido en el poder. Y los Republicanos, a su turno, harían bien en reflexionar, pues les empieza a salir costoso alejarse de sus principios y doctrinas.

Tampoco la tendrá fácil el presidente De la Espriella. Se la jugó por Trump y perdió. Tendrá que suturar heridas con los Demócratas para lo cual cuenta con una excelente Embajadora, pero le va a tocar moderar su trumpismo y dejar la bobada de no viajar al exterior, pues hay tareas indelegables. Cuando el péndulo político inicia un movimiento oscilatorio hacia el lado opuesto no se detiene en la mitad. Lección de física que no debe tomarse a la ligera.