Muchas investigaciones coinciden en que el optimismo ayuda a reducir el estrés, aumenta la capacidad para enfrentar los desafíos de la vida y mejora la resiliencia emocional. Por regla general, los optimistas toman acertadas decisiones, tienen una buena calidad de vida porque se desgastan menos en discusiones sin sentido, no dedican tiempo a las predicciones sobre el futuro, no les interesa hacer énfasis en lo negativo, son capaces de dejar de pensar en aspectos oscuros de su entorno tan comunes en tiempos revueltos, y siempre tienen un comentario constructivo, independientemente de las dificultades.

En la orilla opuesta está el pesimismo, que ha sido asociado con un mayor riesgo de problemas de salud, particularmente enfermedades cardiovasculares, que a su vez pueden acortar la vida. El pesimismo puede dar lugar a mayores niveles de estrés, inflamación celular y presión arterial elevada, lo que a su vez afecta negativamente la salud física.

Los pronósticos pesimistas generalmente no se cumplen. ¿Cuántas veces se ha anticipado que las cosas van a salir mal, y cuántas veces se han cumplido esas predicciones?

En la cotidianidad siempre podemos encontrar una o varias razones, o uno o varios instantes, para detenernos a disfrutar del momento, cualquiera que este sea. Lo contrario es la tendencia muy generalizada de caer en la trampa del negativismo, que es una atracción que invariablemente termina amargándole la existencia a la gente.

¿Por qué el pesimismo tiene tantos seguidores? Porque:

* Pronosticar tragedias futuras produce fascinación.

* La gente se vuelve adicta al pesimismo. Y como todas las adicciones, produce gratificación inmediata, así el impacto a más largo plazo sea desazón y dolor.

* El pesimismo siempre resulta más cómodo, pues viene acompañado de análisis simplistas, extremistas o polarizadores que no exigen ningún esfuerzo.

* Los pesimistas, empeñados en que su visión es la única que vale, tienden a reducir su círculo de amistades exclusivamente a los que piensan igual que ellos, al tiempo que desvalorizan las relaciones con otras personas que podrían ayudarles a salir de su pequeño mundo de amargura.

Afortunadamente, el pesimismo se puede modificar con el paso del tiempo. Durante mi práctica en psiquiatría, he sido testigo de la metamorfosis de personas que en su fogosa juventud eran cínicos y fueron cambiando en la medida que se hacían mayores. Me he encontrado con adultos jóvenes con todas las razones para tener una visión negativa de la vida por razón de infortunados accidentes o por terribles circunstancias de su niñez, que gracias a una actitud positiva y a una gran resiliencia pudieron sobrevivir y lograr una vida plena de sorprendentes realizaciones.

Tomar un rumbo favorable en la vida depende, en un alto grado, de uno mismo, independientemente de las circunstancias que nos rodean. Con una actitud positiva, disciplina y convicción es posible combatir con éxito las dificultades. En otras palabras, nuestro destino está en nuestras manos.