Uno de los múltiples recuerdos de mi infancia está relacionado con el cine, la magia y la formación que el cine tuvo para mi generación y prácticamente para todas las generaciones que crecimos en buena parte del Siglo XX. A otros jóvenes que crecieron posteriormente les tocó ver el auge de la televisión, que amenazó con acabar con todos los medios de comunicación existentes: el cine, el teatro y hasta la radio, y ni digamos de la lectura. Afortunadamente, este entierro no prosperó, aunque sí logró modificar perjudicialmente al cine y a la música.
El cine, fábrica de sueños, instrumento de manipulación de masas y de penetración de ideas, todo eso fue y sigue siendo el cinematógrafo. He admirado casi con fervor religioso a artistas, directores, guionistas, fotógrafos y toda la gama de personajes que hacen parte de este arte. No alcanzarían las páginas para mencionar a todos los directores que he admirado a través de mi recorrido visual por múltiples películas. Hoy me voy a referir a uno de los tantos genios que apareció en el firmamento: Luis Buñuel.
No he podido recordar la primera vez que vi el cortometraje ‘Un perro andaluz’, escrito y protagonizado en 1929 con la colaboración de su amigo, el pintor Salvador Dalí. Es considerada la película más significativa del cine surrealista. En esa época, Luis Buñuel vivía en Francia e hizo sus primeras apariciones en el cine. Toda la cinta puede definirse como una sucesión de sueños encadenados y posee una de las escenas más impactantes de toda la historia del cine: la navaja que secciona el ojo de una mujer.
‘Un perro andaluz’ refleja el ambiente de la Residencia de Estudiantes de Madrid, en la que Dalí, Federico García Lorca y Buñuel convivían. Buñuel salió de España en 1941, al terminar la Guerra Civil Española, y se encargó de un trabajo en Nueva York, en el Museo de Arte Moderno, como productor asociado. Sin embargo, tuvo que abandonar Estados Unidos, pues fue acusado de izquierdista y ateo.
Tuvo la suerte de que, en 1946, le ofrecieran trabajo en México, justamente en la época de oro del cine mexicano. Allí vivió, se nacionalizó mexicano y murió el 29 de julio de 1983. Entre 1960 y 1965 realizó algunas de sus mejores películas: ‘Viridiana’, ‘El ángel exterminador’', Simón del desierto’ y ‘Los olvidados’'. Entre 1929 y 1977 dirigió un total de 32 películas. Otras obras exitosas fueron El río y la muerte’, ‘Nazarín’ y ‘El discreto encanto de la burguesía’.
Luis Buñuel es considerado uno de los cineastas más influyentes de la historia. Sus obras destacan por la genialidad surrealista y por su profunda crítica a la religión, la moral y la burguesía. ‘Los olvidados’, cinta de 1950, es una cruda obra maestra del neorrealismo que retrata la dura y desigual realidad de los adolescentes en los barrios marginales de Ciudad de México. ‘Viridiana’, en 1961, ganó la Palma de Oro y constituye una crítica implacable a la hipocresía religiosa y a los valores tradicionales. ‘El ángel exterminador’ (1962) es una feroz sátira de la alta sociedad. ‘El discreto encanto de la burguesía’ (1972), una brillante comedia, obtuvo el premio Óscar a la mejor película extranjera. ‘Nazarín’ (1959) ofrece una profunda reflexión sobre la fe a través de un sacerdote idealista.
Buñuel, el maestro surrealista que criticó los convencionalismos y llevó al espectador a un mundo de ensueño y provocación, fue controvertido y atacado, pero hoy es considerado uno de los grandes genios del cine. Toda su obra estuvo rodeada de polémica: provocó reacciones extremas en la crítica, cuestionó la religión, trató con gran crudeza la marginación social y defendió un estilo propio e irreverente.
En sus memorias, ‘Mi último suspiro’, aparece también la figura de su esposa, Jeanne Rucar, y se revela un Buñuel complejo, incómodo y provocador, que siempre buscaba desafiar al público. Sin embargo, la mayoría de los cinéfilos serios lo ven con mucho respeto y como un verdadero cineasta antifascista. Leer su libro autobiográfico nos brinda una visión particular del genial cineasta y de su mundo profundamente personal y exitoso.