Con frecuencia afirma con fe sólida: “Dios mío, unido a ti, una pena se torna llevadera.
Hay vivencias horribles, pero yo creo que volverá a brillar el sol de la esperanza”.
Acaso sientes que tu corazón está roto en mil pedazos, y que estás atrapado en un abismo.
En uno u otro recoveco de la vida es común creer que estás perdido y que no hay salidas.
Si así estás ahora, detente, cierra tus ojos, respira un buen rato y suelta tu cuerpo.
Visualiza lindos paisajes para que tu mente no te lleve a un oscuro y estrecho laberinto.
Repite: ”Dios, ya no puedo más. En ti confío y creo que me brindas calma y aumentas mi confianza.
Creo que mi desesperación se va y que, con fe y calma, voy a estar bien. Gracias, hecho está”.
@gonzalogallog