Cuando tu autoamor es muy pobre, creas relaciones en las que fácilmente otro abusa de ti o te trata muy mal.
Necesitas buscar ayuda para amarte de verdad y no permitir que alguien te maltrate. Claro que, sin autoamor, también puedes ser victimario.
Quien no se ama lo suficiente puede pegarse a otro para actuar como un parásito, un mantenido que se le recuesta al que se las da de bueno y lleva la cruz de los demás.
Un ‘parásito emocional’ te roba la energía vital y te impide ser feliz.
Lo evitas si te respetas para que te respeten y practicas un arte valioso: “El arte de decir NO”, de poner límites, de no dejar que otros se te recuesten.
Todo masoquista busca su sádico, y este hace lo mismo. Al que se vuelve cojín, se le recuestan. Al que se pone de tapete, le caminan por encima.
Conclusión: eleva tu autoamor, pero sin que se convierta en ‘egoestima’, en arrogancia.
Decreta mucho con fuerza: “Dios, Dios, te amo y me amo”. Ama a los demás como a ti mismo, enseñó Jeshua.
@gonzalogallog