Adaptación gradual es lo que debes hacer en un duelo o ante lo duro y adverso.
Ya no es todo como antes porque lamentas duras pérdidas afectivas y/o materiales.
Es la hora de actuar con paciencia, confiar y apelar a todo lo que mejore tu estado anímico.
Ayuda a conectar con Dios que mora en ti, meditar, tener una red de apoyo y ser resiliente.
Lo eres con pensamientos, palabras y posturas positivas, y tu mente enfocada en el ahora.
A esa adaptación paulatina se debe sumar la aceptación serena y activa de la realidad.
Activa es ayudándote. No malgastes energía vital haciendo resistencia, y cambia las quejas por gratitud.
La gratitud te lleva a valorar lo que tienes y, así, sigues avante con una firme esperanza.