Si estás abatido y sin ganas de nada, suelta lo que cargas y aligera tu peso.
Sí, suelta odios, iras, culpas, rencores o tristezas que son energía oscura en tu interior.
Dejas ir eso sin deslizas lento y con fe tus manos de cabeza a pies tres veces mientras decretas con fe:
“Gracias, Dios mío, tu energía pasa por dentro de mi ser y te llevas todo lo que me perturba. Hecho está”.
Cree que de verdad que, si te conectas con Dios en tu ser, es la luz que todo lo ilumina.
Sí. Él la fuerza que jamás te abandona y la fuente de energía que necesitas para no sucumbir.
Pero tienes que creer que habita en ti, amarlo de verdad y abandonar en él tus fardos.
Deja que su amorosa presencia llene tus vacíos. De verdad ten bien presente a Dios.
@gonzalogallog