Se ha creado un mito alrededor de la babilla, ese espantoso monstruico que han querido endiosar y que no es más que un semicocodrilo revejido al que le están rindiendo pleitesía y pretenden que una ciudad -postrada ante sus patas- detenga y cancele obras de interés común para no alterar el hábitat de tan horripilante animalejo.Empecemos por decir que la tal babilla fue depositada subrepticiamente en un lago o humedal -porque ahora ya no se sabe qué es lo uno y qué es lo otro- al que bautizaron con ese pegachento nombre. Dicen las buenas lenguas que fue un traqueto residente por ahí cerca quien primero la llevó a su casa siendo muy ‘niña’ (¡que ternura!) y que a medida que fue creciendo la tuvieron que sacar de una pozeta en donde chapuceaba incómodamente y fue trasladada en “una noche toda llena de murmullos y de música de alas” a su vivienda actual.Agregan que esa misma persona le consiguió parejo o pareja -porque ya hasta hay animales gays (que ternura 2)- y por eso se comenta de la belleza de la parejita que juran ver retozando y tomando sol, previa untazón de Copertone.¡Pues bien! Lo que por agua viene por agua se va y ya es tiempo que la sociedad protectora de animales tome la babilla entre sus manos y se la lleve a su verdadero hábitat en donde estará mejor que en ese lugar asfixiado por el CO2, la polución, la bullaranga de los pitos de los carros y los madrazos de sus conductores por culpa de los interminables trancones.Ida la babilla o las babillas nos quitaremos un peso y una pesadilla de encima; hombre con hombre, mujer con mujer: acá nosotros los humanos en medio del caos y allá las babillas en sus charcos y barriales, porque ese amacice de los unos con los otros, nunca dará resultado y alguno de los dos saldrá perdiendo (en este caso los homo sapiens) cuando se les salga el indio a esos reptiles y le devoren a cualquier curioso un brazo, una pierna o lo que sabemos y hasta allí llegó la fiesta.‘Desbabillizados’ ya, la cosa será a otro precio y podremos sentarnos con la cabeza fría a analizar si se hace o no se hace una vía, que para unos significará un alivio vehicular y que para otros será una inversión que no solucionará nada y por el contrario, le quitará tranquilidad al sector.De todas maneras, mientras estén esos espantosos reptantes con status de estrato seis merodeando por el lugar, nada se va a poder hacer porque los ambientalistas se rasgarán las vestiduras y se amarrarán a los colmillos de las babillas para defenderles su vida, su honra y su tranquilidad.¿Para qué diablos le sirven al medio ambiente una o dos babillas en medio del perímetro urbano? Para nada distinto a asustar a los niños y a los patos en las orillas del lago.PD: Que sigan los operativos en el Parque del ‘Porro’ y que cumpla la Policía con la instalación de un CAI en semejante burdel. Así como una golondrina no hace verano, así tampoco dos operativos son suficientes. Cali quiere recuperar el Parque del Perro.