Compuesta por Jacques Revaux para la cantante Dalila -que la rechazó- e interpretada por Claude Francois con el nombre Comme d’habitude, fue sin embargo Paul Anka quien bajo el nombre de ‘My way’ y con otra letra la dio conocer convirtiéndola en una melodía que se ha popularizado por el mundo entero.
Su letra en inglés habla de una persona que al final de su camino hace un recuento de su paso por este mundo concluyendo que vivió a su manera. Como quien dice que hizo lo que le dio la real gana sin importarle nada más que su propia voluntad. Algo así como en El Rey de José Alfredo Jiménez en que “con dinero o sin dinero hago siempre lo que quiero”.
Lógico, ‘My way’ ha llegado más lejos convirtiéndose en un himno para millones de personas que pueden escucharla en varios idiomas y en la voz de afamados cantantes, siendo la versión de Frank Sinatra la que la inmortalizó.
‘My way’ no falta en toda suerte de fiestas, cumpleaños, entierros y cabos de años y es anfitriona de romances que se inician y amores que terminan y está en todas las USB que la ponen y la ponen y no la dejan de poner porque para los hombres es una proclama machista del yo me mando y a la eme los demás.
Hay que decir que la música de ‘My way’ es bellísima e interpretarla con ese ‘crecendo’ que sube hasta las estrellas, resulta conmovedora y si a eso le sumamos la letra, con esa reflexión de vida que todos idealizamos, es merecedora de cerrados y emocionados aplausos.
Mejor dicho, con esa canción se va a la fija, superando los enternecedores boleros, las audaces rancheras, las melosas baladas y los melodramáticos tangos.
Sin embargo el problema con ‘My way’ es que se ‘putió’, víctima de un manoseo tal que se la abrogan personas que no han hecho nada como hubieran querido, que han sido esclavas de un miserable puesto, que han practicado la sumisión como forma de sobrevivir , que en su vida han lanzado un madrazo y sin embargo, no solo la entonan y desentonan a grito herido sino que piden que se la canten el día de sus honras fúnebres, ante el asombro y la burla de quienes le conocieron .
Me sucedió en días pasados cuando acudí a la misa, que ya no es por el eterno descanso del fallecido, sino para agradecer su paso por la vida, porque también dicen que uno no se muere sino que trasciende. Al difunto, o mejor al trascendido que fue un pan de Dios, siervo de su viuda -hoy alegre por fin- que no mató una mosca y de quien decían que era un grandísimo cornudo le cantaron sin embargo ‘My way’, porque según su última voluntad que cumplió la viuda, vivió a su manera, pero a la de ella, quiero decir.
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Posdata. En el pasado Sirirí omití mencionar sitios de música en vivo y en directo como La Peña de los Socios, Las Abuelas, La Casa Musical de Esperancita Mejía en la Guadalupe, Papeto Cucalón, El Viejo Rincón, Lucho y Nilhem y Maríave y Rodrigo, todos ellos silenciados por el paso de los años.