“Es la economía, estúpido” (the economy, stupid), es quizás la frase de campaña electoral más popular en los Estados Unidos tras la contienda de 1992 cuando Bush, considerado como el candidato imbatible con una popularidad de casi el 90% debido a su éxito en política exterior por el fin de la Guerra Fría y la Guerra del Golfo pérsico, fue atacado por el estratega James Carville responsable de la campaña de Bill Clinton, quien impuso la prioridad de enfocarse en las necesidades de los electores para repuntar en la contienda.

Treinta años después la simpleza del principio de Carville continúa como premisa principal de la comunicación política en el mundo. Sin embargo, muy pocos aspirantes al poder acuden a su instinto más básico para conectarse con los votantes en la resolución de sus prioridades y olvidan la nuez de la política que no es otra cosa que convertirse en catalizadores de las emociones y prioridades de la gente. Cualquier candidato que quisiera, por ejemplo, aspirar a la alcaldía de Cali, debería estar hablando de empleo y seguridad, preocupaciones transversales y persistentes independientemente de la edad de sus habitantes.

Los resultados salen de sendos ejercicios que viene haciendo uno de los grupos de investigación y estrategia política de la Universidad Icesi con la coordinación del profesor Juan Pablo Milanese y la muy talentosa profesora Luciana Manfredi, quienes indagan con frecuencia en los intereses de los ciudadanos de a pie. Los resultados arrojan que, sin prejuicio de las diferencias etarias, género y estrato socioeconómico; empleo, empleabilidad y emprendimiento son temas recurrentes y urgentes.

Pero no solo es Cali. La reciente encuesta del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica para América Latina da los mismos resultados. Al ser consultados sobre el principal problema que tiene Colombia, la muestra arroja que el 63,3% menciona la falta de empleo y los salarios, el 15% dice que también los afectan los precios y el 7,5% asegura que las familias están muy endeudas.

Siguiendo los consejos del estratega estadounidense, candidatos y asesores deberían orientar sus mensajes a solucionar el problema del bolsillo de los colombianos. En la actualidad hay ocho millones de colombianos indecisos que no se conectan con las propuestas y menos con quienes las representan. Producción, empleo y bienestar son entonces los tópicos en las agendas de los debates de la conversación nacional, pero aquí seguimos jugando a los ataques personales y las atajadas vía frases cliché que aumentan el odio, el miedo y el resentimiento.

Necesitamos curar las cicatrices que vamos sumando en el alma de una nación resquebrajada por la polarización y la pandemia, y por no tener flujo de caja para el consumo familiar. Tres décadas después sigue teniendo la razón: economía, estúpido. ¡Grande Carville! ​ ​