Cali está afrontando por estos días una problemática sin antecedentes: el fatal terremoto que mató y seguirá matando a cientos de personas a quienes la muerte decidió llevárselos implacable y sorpresivamente.

Quienes han librado la batalla para superar este embate de la naturaleza, lo han hecho de manera ejemplar y helos ahí removiendo incansablemente escombros para buscar y rescatar sobrevivientes, en labores que realizan con prisa y sin pausa y que francamente nos conmueven y nos invitan a seguir sus pasos.

Pero sea lo que fuere la solidaridad insiste, persiste y no desiste en su infatigable labor de hacerle más fácil la vida a quienes todo lo perdieron. Estas brigadas de caleños comprometidos están realizando actos de fe, esperanza y caridad y merecen el aplauso y el reconocimiento de la comunidad, al igual que las entidades públicas y privadas comandadas por el alcalde Álvaro Alejandro Éder.

Cali, así como superó los estragos de la explosión del 7 de Agosto del año 56, con el apoyo del programa radial ‘La voz del prójimo’, y se enfrentó con valentía el estallido social de hace apenas un lustro, así también superará la más grande tragedia de este siglo.

Por otra parte, lo acaecido en el barrio Tequendama y sus alrededores plantea interrogantes que una vez se haya superado el impacto que ha dejado la cantidad de edificaciones que, o se vinieron al suelo o se tornaron inhabitables, habrá que revisar, porque insisto hay más preguntas que respuestas sobre la responsabilidad de los constructores que edificaron sobre unos suelos que no eran aptos para hacerlo.

Hoy más que nunca se corrobora que si ‘nos unimos no nos hundimos’ y que la solidaridad ‘habla muy bien de Cali’…