La depresión es una de las enfermedades que más incapacidad produce a nivel global, y ataca principalmente a las personas que están sometidas a circunstancias de estrés. Los adolescentes y adultos jóvenes que ingresan a la universidad están sometidos a unas cargas emocionales y a unas demandas que los sobrepasan y es allí cuando suele hacer su aparición el cuadro depresivo.
Ese comienzo de la vida universitaria está marcado por unos niveles de estrés inevitables y cualquier esfuerzo que se haga en el sentido de identificar tempranamente las dificultades emocionales de los estudiantes en este trance, permitirá anticiparse a la aparición de problemas emocionales y realizar intervenciones oportunas. Esto es hacer medicina preventiva, que podría redundar en un gran alivio del sufrimiento y, por ende, en un mejor rendimiento académico.
A mediados del año 2025, varias universidades colombianas llevaron a cabo un estudio para determinar la salud mental de los universitarios (1). Se entrevistaron 1200 estudiantes entre los 18 y los 28 años de 122 instituciones de educación superior en 23 departamentos y 35 municipios de Colombia.
Los resultados de este estudio son contundentes. Muestran a la depresión clínica como el factor más determinante en la psicopatología de los entrevistados:
* 40 % de los estudiantes sufría de ansiedad clínicamente significativa.
* 45 % presentaba síntomas de depresión.
* 23 % reportaba ideas de muerte.
* 21 % había considerado la posibilidad de suicidarse.
* 12,5 % había intentado suicidarse.
Frente a semejante realidad, es mandatorio que las universidades incluyan a la salud mental dentro de una política prioritaria de la institución, pero de una forma realista y seria. Poniendo en práctica medidas que permitan identificar, especialmente al inicio de la carrera, pero también en los cursos más avanzados, a los jóvenes en riesgo de sufrir estas dificultades emocionales. Una posibilidad es incluir un instrumento (2) que ha sido probado en distintas culturas, incluyendo la nuestra, y que se puede constituir en un primer filtro que identifique los estudiantes a riesgo de estar sufriendo trastornos mentales.
Este instrumento hace énfasis en los síntomas depresivos, pero también orienta hacia otros síndromes clínicos y sirve de tamizaje sencillo que no requiere de especialistas para su adecuada utilización. El adecuado uso de este instrumento permite la identificación oportuna y la subsiguiente referencia de los estudiantes a riesgo, desde las oficinas de bienestar universitario, a la consulta de psicología y eventualmente a Psiquiatría si el caso lo amerita.
Una temprana identificación de ciertas señales de riesgo permitirá intervenciones tempranas que, además de aliviar el sufrimiento a través de tratamientos muy efectivos y sencillos, puede evitar trágicos desenlaces.
(1) ‘Una fotografía actualizada del estado emocional de los jóvenes’ Alianza 4U -Universidad del Norte, Universidad Eafit, Universidad Icesi y Cesa- en articulación con la Fundación Empresarios por la Educación, 2025.
(2) Manual de Psiquiatría para Trabajadores de Atención Primaria, Organización Panamericana de la Salud, Paltex, Segunda Edición, 1996.