Una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo, The BMJ, antes British Medical Journal, ajena a la política colombiana, publicó un diagnóstico de las reformas a la salud del Gobierno en consonancia con las críticas que se han formulado reiteradamente en el país por expertos y exministros de salud.

Señala que el sistema de salud colombiano, pese a tener imperfecciones, como todos los sistemas, contaba con virtudes que lo hacían un referente en Latinoamérica. Y que las reformas impulsadas por el Gobierno de Petro no solo no han corregido sus fallas, sino que han profundizado sus problemas poniendo en riesgo la vida y el bienestar de millones de personas.

La situación del sector salud continúa deteriorándose en varios frentes. Entre ellos, los que tocan a los pacientes de enfermedades raras y la red de instituciones prestadoras de servicios de salud (IPS). Al preocupante panorama anterior se deben añadir las deudas acumuladas a las EPS.

Es imparable la forma como el sistema de salud está desmoronándose, incluyendo la pérdida de vidas. El Gobierno ha insistido con terquedad y perseguido infructuosamente la implementación de un modelo estatizante. Lo que Petro debería hacer es asignar los recursos económicos necesarios para superar la aguda crisis de la salud.

La administración del presidente Petro ha intentado escudarse en la caída de la reforma a la salud en el Congreso para evadir la responsabilidad en la debacle financiera y administrativa que afecta al servicio de salud. La crisis se evidencia no solo en las crecientes quejas y tutelas de los usuarios, sino en la pérdida de vidas por cuenta de la no entrega oportuna de medicamentos o en la demora en la programación de procedimientos. Los reclamos por el deficiente servicio han crecido durante los últimos tres años y aumentan para los pacientes sus gastos en salud.

Esta realidad, que afecta especialmente a los colombianos de menores ingresos, ha sido causada por la obstinación ideológica de Petro y de su nefasto ministro de salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, empecinados en imponer un modelo público que ya probó ser fallido. Que lo digan los maestros.

La crisis actual del sistema de salud no tiene antecedentes. Cada día es más grave. Hospitales públicos cerrados, las EPS quebradas y las que han sido intervenidas están sujetas a los malos manejos de sus interventores, además de su incompetencia. Petro, en vez de corregir lo que requería ajustes, decidió demoler lo que sí funcionaba. En vez de individualizar responsabilidades para enjuiciar y condenar a los corruptos, decidieron acusar indiscriminadamente a un sistema que le estaba sirviendo a los colombianos.

La intervención a las EPS ha sido otro fracaso. No se mejoró la gestión ni su situación financiera. Las medidas adoptadas no evitaron el deterioro; antes lo aceleraron. El derroche de burocracia es enorme. Se ha fortalecido el aparato administrativo, no el servicio. La intervención se ha traducido en más cargos y en más costos operativos.

Ojalá el Gobierno, que no ha querido oír el clamor de expertos y pacientes, escuche ahora las advertencias provenientes de una publicación prestigiosa. Los usuarios del sistema de salud no tienen que resignarse a las filas interminables, a los aumentos en los plazos para la asignación de citas y a la no entrega de medicamentos.