Si algún ministerio sufrió un proceso de decadencia durante el actual gobierno, este, infortunadamente, fue el de las relaciones exteriores, comúnmente denominado Cancillería.
Para algunos diplomáticos, con importante tradición en ese ministerio, el calificativo que usan para describir lo que ha ocurrido y el estado actual es el de irreconocible.
Hubo una época en la cual se decía que había Canciller pero no había Cancillería. Siempre fui un fuerte crítico de esa afirmación. Es posible que lo que ocurrió durante estos últimos años fue la destrucción de ambas figuras.
Y lo que el nuevo Canciller, designado por el presidente Abelardo de la Espriella, va a encontrar será desconcertante. No creo que él haya estado familiarizado, no obstante su muy amplia experiencia internacional, con el funcionamiento de nuestra Cancillería, o con los avances que ésta había logrado tanto en su planta interna como externa. Así como los esfuerzos que sistemáticamente se venían haciendo para profesionalizarla aún mucho más en virtud del trabajo de la Academia diplomática.
No me atrevo a preguntar datos precisos sobre cómo están las cosas aquí y en el exterior, pero es notorio que ha existido un deterioro enorme. Y la Cancillería venía en un proceso de mejoramiento sistemático.
Es evidente la pérdida de liderazgo colombiano en los organismos internacionales y en las frecuentes conferencias y reuniones que son propias de esta entidad del poder público en Colombia y en el exterior.
El nuevo Canciller tiene una sólida experiencia en el manejo de los asuntos internacionales, tradicionales y de los contemporáneos. Ha sido un protagonista reconocido en muchos escenarios de la vida internacional. Me temo que como se dice en el vocabulario rutinario se va a pegar un gran susto cuando reciba su cargo. Y no sobraría que algunos de los que han ocupado con gran dignidad y eficacia este ministerio conversen con el nuevo Canciller, Omar Bula Escobar, para contarle que hubo tiempos mucho más admirables del desempeño de este importante ministerio.
Y entiendo que en su propia familia ha habido funcionarios que podrían, también, proporcionarle una información pertinente y positiva.
Colombia requiere en este momento un excelente manejo de sus relaciones internacionales. Lo que ha ocurrido con nuestro estratégico y muy importante aliado y amigo, los Estados Unidos de América, debe ser muy prontamente corregido y lo propio, habría que decir, con respecto algunos países latinoamericanos y sobra decirlo con respecto a Israel. El nuevo Canciller así lo manifestó en su entrevista con Juan Lozano.
Me pregunto cómo fue la actitud de la Cancillería colombiana al conmemorarse los 250 años de la independencia de los Estados Unidos.
Parece que, por fin, tendremos un embajador de Estados Unidos titular, con importantes credenciales y vínculos con Colombia. Y el nuevo presidente colombiano, Abelardo de la Espriella no ha ocultado su aprecio por los Estados Unidos y ha sido bien correspondido ya en varias ocasiones por el presidente Trump. Una excelente coyuntura para reafirmar nuestras importantes relaciones, no meramente bilaterales sino de franca amistad con los Estados Unidos.
La cooperación de Estados Unidos en los momentos buenos regulares y malos de Colombia ha sido siempre generosa. Y en los meses y años que vienen será muy necesaria. Más que siempre.
La Cancillería está a punto de ser puesta a tono con la nueva geopolítica y los desafíos que plantean los admirables desarrollos tecnológicos.