Como advierte claramente Lasse Rouhiaine en su muy oportuno libro, Domina la IA antes de que ella te domine a ti, 2026 (p. 11) “Todo cambió en noviembre de 2022, cuando la IA […] paso de ser un concepto futuro a convertirse en una herramienta al alcance de todos los que tuvieran una conexión a internet.” Con el lanzamiento ese año del ChatGPT por parte de OpenAI, informa Google, se dio inicio el auge de la IA generativa, capaz de crear contenido original —texto, imágenes, música o vídeo— a partir de datos existentes.

Por su parte, las ciudades deben priorizar el transporte público colectivo e integrado, las bicicletas y los peatones, para reducir la contaminación, el ruido y el tránsito automotor, e incluso lograr algunos sectores sin carros. Como dice Rouhiaine, con la IA generativa: “Barrios enteros antes dominados por filas de coches podrán contar con aceras más anchas, carriles bici y calles arboladas. Por primera vez en un siglo, los urbanistas tendrán la oportunidad de rediseñar ciudades pensadas para las personas, no para los coches” (p. 251) pero se tendrán que adaptar para la circulación de vehículos autónomos, y disponer de estaciones de recarga (p. 150).

Tal como ya lo anunció Google, las máquinas autónomas para la limpieza de las calles, utilizan IA, sensores de 360º y GPS para poder barrerlas de forma automática; además utilizan la IA para optimizar sus recorridos, detectar obstáculos, y pueden trabajar continuamente en los andenes y calzadas de las diversas vías de las ciudades, pero sin interferir con el tránsito. Como lo explica Rouhiaine: “Las calles tendrán puntos donde máquinas de limpieza autónomas podrán vaciar la basura y rellenar los depósitos de agua” (p. 251) y las ciudades y los edificios se transformarán para funcionar con los robots de forma óptima (p. 150).

Según Google, las entregas a domicilio por dron han pasado de ser un proyecto experimental a una realidad operativa en diversas partes del mundo; este sistema utiliza vehículos aéreos no tripulados, VANT, para transportar productos, generalmente de poco peso, directamente desde los centros de distribución o comercios hasta el punto de entrega final. Lo que puntualiza Rouhiaine cuando afirma que: “Es probable que dentro de diez años [o sea para 2036] los drones voladores entreguen paquetes en lugar de furgonetas” (p. 150) lo que por consiguiente requerirá plataformas de aterrizaje en las cubiertas de los edificios (p. 150).

La inteligencia artificial, IA, como se puede consultar en Google, transformará la planificación, diseño y gestión de las ciudades, al convertir los datos en tiempo real en soluciones más eficientes, optimizando el tránsito de vehículos y los servicios públicos, mejorando la seguridad y logrando ciudades más sostenibles, mediante el uso de tecnologías como la visión por computadora y los gemelos digitales, aunque preocupantemente presentan desafíos éticos y de privacidad que por supuesto habrá que procurar evitar. El caso es que en pocos años, como lo anuncia Rouhiainen a todo lo largo de su libro, los robots estarán por todas partes (p. 149).

Además, la IA está transformando la arquitectura en una nueva disciplina basada en el diseño regenerativo, la optimización de los datos disponibles y la experimentación virtual de los proyectos. Como lo afirma Lasse Rouhiainen: “Los arquitectos colaborarán con inteligencias artificiales capaces de analizar patrones ambientales e impactos psicológicos invisibles para el ojo humano. El proceso creativo pasará de ser una lucha solitaria a un diálogo dinámico entre humano y máquina.” (p. 199). Y, como él lo advierte: “Enseñar sigue siendo una de las formas más eficaces de aprender.” (p. 60) justo lo que se ha hecho al divulgar su libro.