Según Angus Fletcher, profesor de ciencias narrativas de la Universidad Estatal de Ohio, son cuatro las facultades primarias de la inteligencia de los seres humanos que la diferencian radicalmente de la inteligencia artificial, IA. Dichas facultades son: la intuición, la imaginación, la emoción y el sentido común; las que además son más fuertes cuando algunas de ellas van juntas y al mismo tiempo o una tras otra, como sucede regularmente en los humanos (Inteligencia Primitiva / eres más inteligente de lo que crees, 2025, pp.21, 272 y 273).
Facultades primarias que precisamente son las que hay que considerar para acometer responsablemente la arquitectura del siglo XXI al utilizar inteligentemente la IA para proyectar edificaciones o espacios urbanos públicos, procurando que esta colabore con datos e información técnica, y al final para poder verificar lo propuesto. Que equivocadamente no se pretenda sustituir el arte del arquitecto con la IA, sino que, por lo contrario, le proporcione a este una eficiente colaboración con ella, pero enfocada a lo puramente técnico.
La intuición ‘percibe las normas ocultas de este mundo’ e inspira sensatamente los proyectos de arquitectura, ya que permite innovar de verdad al ‘detectar las excepciones a las reglas’, en tanto que implica la percepción instantánea de una idea o de una solución que aparecen como si fueran evidentes sin necesidad de un razonamiento consciente previo a las mismas. Es lo que suele suceder al ‘traducir’ los planos de los proyectos desde distintos ángulos y ‘recorriéndolos’ con la imaginación; y por supuesto también al hacerlo en las obras mismas.
La imaginación ‘crea el futuro’ y es la que en definitiva da forma a los proyectos de arquitectura en la medida en que ‘convierte la intuición en planes’ en tanto la facilidad para conformar nuevas ideas para nuevos proyectos, y a continuación llevando a la subsiguiente facultad necesaria para representarlas con imágenes. Pero, mejor aún, al realizarlo luego de haberlas puesto por escrito, lo que las ‘aterriza’ al no permitir que en esas ideas, al dibujarlas, prime solo su imagen como si se tratara de apenas dibujos y no de planos arquitectónicos.
La emoción ‘conoce el camino del crecimiento personal’ y ayuda a continuar mejorando los proyectos arquitectónicos, ya que ‘evalúa el relato’ en tanto la satisfacción, intensa y pasajera, debida a ciertos avances imprevistos con los que se desarrolla un paso más un anteproyecto hasta la emoción final al rehacerlo varias veces hasta lograr quedar satisfecho… hasta que se lo confronte en la obra. Pero igual se trata de presentir las distintas emociones que se producen al recorrer con la imaginación, entrando y saliendo, los planos de un proyecto.
El sentido común ‘decide sabiamente en tiempos de incertidumbre’ y depende directamente de los valores, cultura y saberes de cada cual, en tanto la capacidad natural de los seres humanos para tomar decisiones lógicas basándose en experiencias anteriores, permitiendo actuar con prudencia y mesura sin necesidad de mayores conocimientos. Dicho de la arquitectura, el sentido común permite a los buenos arquitectos ‘saber cuándo no saben’ y, en consecuencia, les impide equivocarse, como los malos, al creer equivocadamente que sí lo saben.
En toda edificación o espacio urbano público, sus distintos ambientes deben acoger grata y pertinentemente las actividades más cotidianas de los seres humanos, como lo son comer, beber, descansar, hablar, mirar, pensar y gozar, y en consecuencia su discernimiento es esencial para su adecuada concepción, emplazamiento, función, construcción y forma, recurriendo entonces a la intuición, imaginación, emoción y sentido común para su proyecto. Una arquitectura ayudada por la IA que conduce a una mejor calidad de vida en las ciudades.