Ese principio universal y fundamental de la solidaridad es lo que muy bien explica la extraordinaria y voluntaria cadena solidaria de la población colombiana y del exterior con todas las víctimas del violento terremoto que sufrimos en Colombia el pasado 10 de agosto.

Estando de acuerdo con todas aquellas personas que, en diversas partes de Colombia, han manifestado que dicha cadena solidaria debemos proseguirla, también es bueno anotar que estamos entrando a una de las etapas más difíciles de todo ese proceso solidario, como es la reconstrucción material y humana de todos los daños que causó dicho terremoto en más de 400 municipios de Colombia. De acuerdo a lo manifestado por el presidente de la República, puede tener un costo aproximado a los treinta billones de pesos colombianos.

En todo ese proceso, nortes éticos como la verdad y la cero tolerancia con la corrupción, lo mismo que con la irresponsabilidad y el sectarismo político, son temas claves en el desarrollo de este importante camino solidario.

En tal sentido, sería importante que el presidente de la República, lo mismo que los gobernadores departamentales y alcaldes municipales, nos informaran públicamente cuál es el monto económico, entre ayudas nacionales e internacionales, de que dispone actualmente el Estado colombiano y, por consiguiente, cuánto hace falta para completar los 30 billones de pesos que, según el presidente de la República, es lo que puede costar todo el proceso de reconstrucción material y humana, agregando a ello todo lo relacionado con la reactivación económica.

En esa perspectiva, y viendo la extraordinaria movilización solidaria de la población colombiana, como también la de otros países, cuya característica fundamental es que no ha tenido color político ni social, sería oportuno y muy importante que, a iniciativa del Gobierno nacional, con la colaboración de los gobiernos departamentales y municipales, lo mismo que de diversos sectores económicos y sociales, se recurriera al constituyente primario que es nuestro pueblo urbano y rural, a fin de constituir una única cuenta solidaria que se alimentaría de manera permanente con aportes económicos pequeños, medianos o grandes que voluntariamente daríamos las personas que actualmente residimos en Colombia, como también en el exterior.

En la construcción de tan noble proceso solidario, el sector financiero colombiano, a cero costos administrativos, sería uno de los principales aportantes, así como todas personas de la diversidad política y social que habitamos en Colombia y que nos identificamos con el principio solidario ‘Hoy por ti, mañana por mí’.

En ese noble propósito solidario, con el liderazgo del Gobierno nacional y de todas las personas que voluntariamente queramos colaborar, estoy seguro que es posible lograr la meta de los 30 billones de pesos, para lo cual es muy importante informar diariamente sobre cada uno de los movimientos financieros.

A la dura realidad de los daños humanos y materiales causados por el terremoto, ahora se suman los daños que vienen causando en diferentes partes de Colombia los incendios forestales, al parecer provocados, en la mayoría de los casos, por manos criminales, tal como lo ha venido afirmando la señora gobernadora del departamento del Tolima.

A las personas insolidarias y pirómanas les recuerdo que la vida me ha enseñado que las diferencias políticas o sociales no le dan derecho a ningún ser humano a gozar con las tragedias ajenas. No olvidemos el principio ético de que, en la vida, debemos aprender a gozar con los éxitos de otros y a sufrir con sus tragedias. Eso define la verdadera empatía entre los seres humanos y explica muy bien que los logros de otros no quitan valor ni oportunidades, sino que demuestran que el progreso es posible y crean relaciones de amistad y confianza más fuertes.

Igualmente, el sectarismo político o ideológico siempre será un mal consejero para los seres humanos y para el derecho a la convivencia pacífica que tanto estamos necesitando en Colombia.