Además de los rescatistas que están hoy en la ciudad y los grupos especializados que emplean caninos para la búsqueda de vida bajo los escombros, los bomberos de Cali están siempre presentes en la tragedia que nos toca hoy y cuando el deber los llama de otras naciones también hacen presencia, como ocurrió recientemente en La Guaira, Venezuela.
Pero esta institución benemérita tiene una historia que merece ser contada, dada su experiencia centenaria de honor y sacrificio.
El historiador caleño Carlos Mercado Mercado, recuerda que “en tiempos de la colonia, cuando estallaba un incendio, el primer adulto que se enteraba de ello corría a informar en la iglesia más cercana. Se iniciaba entonces un toque de campanas a rebato, sin importar la hora que fuese, y la solidaridad de las gentes permitía conjurar con baldes la conflagración”.
Ya en 1916 Cali empezó a construir el Acueducto Metálico a Presión, y tres años más tarde, en 1919, llegó el agua por tubería al Parque de Caicedo. “Se colocaron los primeros hidrantes y el acueducto en construcción tomó en alquiler una habitación en la calle octava, entre carreras quinta y sexta, donde vivía don Severo Otero, uno de los primeros empleados del acueducto”, recuerda el historiador.
Ahí se guardaron 20 carritos manuales, equipados con 2 mangueras de 12 pies de longitud cada una, baldes y llaves para abrir los hidrantes; eso conformaba todo el equipo para apagar un incendio en Cali. La Junta Constructora del Acueducto dio la orden a todos sus empleados de ayudar a combatir los incendios, en el día o en la noche.
Carlos Mercado Mercado recuerda que en 1924 “se reunió un grupo de caballeros, entre ellos un extranjero, y otros que habían visitado Guayaquil y Panamá y tenían la experiencia de ver cómo se apagaban los incendios ahí. Su finalidad era la de constituir una junta que daría origen al Cuerpo de Bomberos de Cali. Ellos fueron Arcesio Penagos y R., Camilo Caicedo M., Eric Barth, Fidel Lalinde G., Francisco Magaña, Gonzalo Lourido A., Hernando Sinisterra, Hernando Zawadsky C., Isaías Mercado Q., Juan de Dios Restrepo P. y Manuel María Buenaventura P. Hicieron posible que la Junta de Ornato y Mejoras Públicas donara al naciente Cuerpo de Bomberos la suma de tres mil pesos oro para la compra de los primeros elementos”.
Infortunadamente la junta no prosperó mucho tiempo, pues se presentaron diferencias entre Lourido y Magaña.
En 1927, en la alcaldía de Nicolás Ramos Hidalgo, el cabildo aprobó un acuerdo mediante el cual se creó la nueva institución bomberil. El mismo concejo le confirió el título de “benemérito”.
Cuando la institución cumplió 25 años de fundación, en 1953, concedió títulos honoríficos a esos primeros caballeros que en 1924 pensaron en el futuro de la capital vallecaucana y unieron esfuerzos con el pensamiento puesto en un sólido cuartel de bomberos, que no se ocupa hoy explícitamente de los incendios, sino que es soporte efectivo para conjurar el azote de un terremoto como el de hoy.
Cada año los bomberos de Cali realizan entre dos y tres convocatorias, a las que se presentan cientos de jóvenes. Sin embargo, así lo afirmó el sargento Fernando Murillo, con 36 años de experiencia, “al final quedan muy pocos, pues esto no es para cualquiera y muchos solo vienen a probar”. Hoy, la institución cuenta con más de 600 bomberos en todas sus áreas, la parte operativa suma más de 200 y cubren la ciudad las 24 horas del día.
Según estudios, el 97 % de los cuerpos de bomberos de Colombia no cuentan con la dotación básica para prestar adecuado servicio; solo un 5 % tiene equipo detector de gases para verificar atmósferas peligrosas antes de intervenir.
Los bomberos de Nueva York gastan en cinco días $3500 millones que equivalen al presupuesto de un año de los 202 cuerpos de bomberos que operan en Colombia.