El Alzheimer no es un producto inevitable de la vejez, sino el resultado de un daño cerebral. Se caracteriza por una pérdida progresiva e irreversible de las funciones cerebrales, causada por la destrucción de las neuronas y de sus conexiones. Este proceso es provocado por la acumulación anormal de proteínas —placas de amiloide y ovillos de tau— y por la muerte de neuronas en el cerebro. Como consecuencia, se altera la capacidad de pensar con coherencia: los pensamientos se desmoronan poco a poco, desaparecen antes de ser articulados y se disuelve la conexión entre el pensamiento y la palabra.
Su descubridor, Alois Alzheimer, psiquiatra y neurólogo alemán, falleció a los 51 años de edad por una endocarditis bacteriana. En 1901 observó una serie de síntomas en una paciente llamada Auguste Deter, y en 1907 publicó la posible existencia de esta enfermedad, tras estudiar su cerebro post mortem. Resulta fascinante leer la historia clínica de este caso, publicada posteriormente en un libro escrito por los psiquiatras Conrad Maurer y Ulrike Maurer.
El historial original de esta enfermedad no fue localizado sino hasta 1995, cuando fue hallado en el archivo del hospital psiquiátrico de Frankfurt, cuyo director era Conrad Maurer. Este hallazgo contribuyó a que hoy el Alzheimer sea una enfermedad conocida en todo el mundo y haya afectado a numerosas figuras públicas de distintas disciplinas, como el cine, los deportes, el teatro y la política, además de millones de personas del común. El tema cobró gran relevancia mediática cuando se conoció que la actriz Rita Hayworth y el actor y expresidente de Estados Unidos Ronald Reagan padecieron esta enfermedad.
Se estima que en el mundo existen entre 30 y 40 millones de personas afectadas por el Alzheimer. El Siglo XX fue catalogado como el siglo de la juventud, pero terminó siendo el siglo de los ancianos y de las enfermedades neurodegenerativas, entre ellas el Alzheimer.
Es bien sabido que Alois Alzheimer no recibió el Premio Nobel por su descubrimiento; sin embargo, su nombre ha pasado a formar parte del lenguaje común como el de pocos médicos. Paradójicamente, cuando presentó su conferencia sobre esta enfermedad, pasó casi desapercibida. Tristemente, esto ha ocurrido con grandes científicos de la medicina que, pese a sus importantes aportes, no recibieron el reconocimiento justo por su dedicación a la investigación científica. También es lamentable que la cátedra de Historia de la Medicina ya no sea vigente en todas las facultades de medicina del mundo.
A pesar de los avances en el tratamiento, el Alzheimer es considerado una nueva epidemia del iglo XXI. Para el año 2050 se estima que el número de personas afectadas ascenderá a 131 millones. Investigaciones modernas han identificado que el sistema inmunológico y la inflamación cerebral pueden contribuir al desarrollo y progresión de la enfermedad. Esto ha abierto nuevas líneas de investigación y terapias orientadas a modular la respuesta inmunitaria, reducir la inflamación y proteger las neuronas.
Con el paso del tiempo también se ha observado que el Alzheimer puede afectar a personas más jóvenes, encontrándose casos desde los 50 años de edad, y se ha identificado la existencia de un leve factor genético asociado a la enfermedad.
Asimismo, los avances en los métodos de diagnóstico por imágenes —como la resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones (PET)— permiten detectar de manera temprana los síntomas iniciales de la enfermedad. Por todo ello, Alois Alzheimer será recordado por siempre como ‘el médico que descubrió el olvido’.