La sicóloga peruana Ana Estrada, de 44 años, padece polimiositis, una enfermedad rara, tratable pero incurable y terrible.
Inflama y debilita los músculos voluntarios del cuerpo, aquellos que permiten los grandes movimientos de distintos huesos.
Hace unos cuatro años tuvo que renunciar a su autonomía y unas enfermeras la cuidan 24 horas al día.
Hace días logró al fin que le permitan la eutanasia que está prohibida por ley en ese y en la mayoría de los países.
Colombia, ¡qué bien!, es uno de los pocos que la permite al igual que Holanda, Bélgica, Luxemburgo Canadá y algunos estados de EE. UU.
Ana dice: “En 2015 me intervinieron. Mi cuerpo cambió y perdí muchísimo peso. Tiene sondas en la tráquea y en el estómago.
Sentí que regresó a la casa un pedazo de carne, un muerto. Para mí era difícil mirarme mirar al espejo.
En verdad yo estoy luchando por mi vida, no por mi muerte. La vida también incluye la muerte y continúa. No están separadas. Más que morir quiero la libertad”. Tiene razón.
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