En la campaña de 2022 decían que, para ganar, la izquierda dogmática y tradicional como la que representa Iván Cepeda debía tragarse varios sapos con nombres como Roy Barreras, Armando Benedetti y Euclides Torres. Con ojos cerrados y narices tapadas, los progresistas se tragaron los sapos y llegaron al poder. Como van las cosas en estas elecciones, la izquierda seguirá comiendo sapos y tendrá que sumar un puercoespín al menú, su propio candidato y aun así sus perspectivas son borrosas.

La sosa y elusiva campaña de Iván Cepeda no le alcanzó para ganar en primera, como pregonaban en el Pacto Histórico, y ni siquiera para el empate técnico porque Abelardo de la Espriella ganó por la misma diferencia de votos que Petro a Rodolfo Hernández en segunda vuelta.

Frente al resultado, Petro, en modo desespero, dijo de todo: que iba a echarse (más aún) la campaña de Cepeda al hombro, aunque a ese paso va a sustituir al candidato en todo menos en el tarjetón; se ha negado a reconocer la legitimidad de los resultados y hasta acusó en sus anatemas al mismo pueblo que dice representar, señalando una supuesta traición al progresismo y de abrirle la puerta al fascismo.

El presidente escribirá una línea más de su prolongada historia de desprecio y desafío a la ley y las cortes, desacatando órdenes del Consejo de Estado para garantizar que, en el ejercicio de la función presidencial y uso de los recursos del Estado, Petro le dé primacía a su función presidencial sobre la de líder del Pacto Histórico. Ilusos los señores consejeros.

Había un segmento del Pacto Histórico con bastante experiencia política que hizo el cálculo de que podían ganar en primera vuelta si obtenían el 65 % de los votos del Pacífico, el 55 % del Caribe y el 50 % de Bogotá. Eso tampoco pasó.

Aunque el agregado en el Pacífico para Cepeda fue del 58 %, el mismo resultado de 2022, la diferencia estuvo en Bogotá y Barranquilla. En la capital votaron 330.000 personas más que en 2022, pero Cepeda sacó 60.000 votos y seis puntos porcentuales menos que Petro en su primera vuelta.

El Barranquilla donde Petro arrasó en su primera vuelta con 256.000 y el 52 % de los votos, superando la suma de Federico Gutiérrez y Rodolfo por 60.000 votos y once puntos porcentuales; Cepeda solo logró 9000 votos más que Abelardo de la Espriella, apenas 1,5 puntos de diferencia.

El Pacto Histórico tiene un candidato sin iniciativa, reactivo a su competidor y a lo que diga o haga el Presidente de la República, que al reemplazar al candidato acentúa su irrelevancia. Cepeda recoge su siembra de errores, como haber desconocido la misma existencia política de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, cuando dijo que su contraparte real era Álvaro Uribe Vélez y ahora le toca enviar emisarios a la campaña de De la Espriella. Cuando Petro desconoció los resultados, guardó silencio y su reacción tardía y sin énfasis le dio más iniciativa a su competidor, quien lo ha puesto contra las cuerdas exigiéndole reconocerlos como condición para hablar de debates.

Iván Cepeda dilapidó la ventaja que le dieron las medidas gubernamentales de subsidios e incremento del salario mínimo y está en marasmo. Entre más se conocen cifras detalladas, se ve mejor la profundidad de la crisis, como la pérdida de espacio en la clase media y los jóvenes. Todo agravado por resultados adversos, carencia de iniciativa y una campaña desenergizada. En el Pacto Histórico miran hacia Gustavo Petro para ver cómo salvan la campaña de su propio candidato.