Elizabeth Blackburn ganó el premio Nobel de Medicina 2009 (1) por el descubrimiento de una enzima que alarga los telómeros, que son estructuras que recubren y protegen los extremos de los cromosomas. Para entender qué son los telómeros, imaginemos que cumplen la función de las puntas plásticas de los cordones de los zapatos que evitan que se deshilachen. En la vida celular, esos capuchones evitan que se deterioren los cromosomas. Pero es inevitable que, en cada división, los telómeros se despunten y, cuando quedan demasiado cortos, la célula envejece.

Uno de los interrogantes que se planteó esta investigadora era si el estrés podía cambiar y afectar los telómeros. Para comprobar esa teoría, estudió personas de las que se sabía de antemano que vivían en condiciones de estrés real, crónico y medible por distintas razones, como el estar a cargo de enfermos crónicos demandantes, o el caso de los veteranos de guerra o los niños que sufrieron maltrato, pobreza extrema o acoso escolar.

Estas investigaciones mostraron que el estrés nocivo afecta todos los órganos y recorta los telómeros, pues la célula, en un intento por defenderse de la agresión, trata de reparar el daño, corta pedazos, y en cada reparación, el telómero se acorta, la célula se deteriora y eventualmente muere. Los estudios de la doctora Blackburn mostraron que ese estrés nocivo disminuye la capacidad de reparación del ADN con el consecuente envejecimiento prematuro y el efecto destructivo sobre la salud.

El estrés crónico activa la inflamación y obliga al sistema inmune a producir más glóbulos blancos, más divisiones celulares y más acortamiento de los telómeros. En estas circunstancias, el aumento del cortisol se mantiene alto, produciendo una inflamación celular que debilita el sistema inmunitario y llega a colapsarlo.

Hay que diferenciar entre el estrés inofensivo y el nocivo. El estrés inofensivo es el momentáneo asociado a la ansiedad generada por una competencia, la presentación en público, el desenlace de un partido de fútbol, entre muchas otras circunstancias de la vida cotidiana. Todas ellas estimulan el eje hipotálamo-hipofisiario-adrenal, con un aumento del cortisol, la adrenalina y la glucosa. Pero como estas circunstancias son fugaces, cuando pasa el evento estresante, todo vuelve a la normalidad.

Algo muy distinto es el estrés nocivo que ocurre de manera continuada y que se mantiene por mucho tiempo, representado en las situaciones claramente negativas, tóxicas y/o difíciles de modificar. Entre otros ejemplos, la relación disfuncional con una pareja en la cual el día - día es una eterna desavenencia, el sometimiento pasivo a situaciones humillantes, degradantes o incluso violentas de las cuales ha sido imposible escapar, un trabajo insoportable al cual no se puede renunciar, una vida plana y aburrida que no se ha podido cambiar, unas deudas impagables o el tener que cuidar a un enfermo crónico sin posibilidad de recuperación.

Evitar el envejecimiento prematuro requiere tener en cuenta el papel que juega el estrés y aprender a controlarlo. Tema que se presentará próximamente.

1. Greider CW, Blackburn EH. Identification of a specific telomere terminal transferase activity in Tetrahymena extracts Cell. 1985;43(2 Pt 1):405-13.