Hoy es el día. Un hombre de la vida llamado Abelardo de la Espriella, inteligente, estudioso, dinámico, juguetón, alegre, altruista, festivo, bailarín y cantor, abogado por más señas, sin saberse cómo, logró hacerse elegir Presidente de la República de Colombia. Seguía él aquella ambición de ser el gobernante, que todos hemos tenido en la niñez y en la juventud, y que hemos perdido ante la casi imposible y utópica realidad de la vida.

Sin antecedentes políticos el nuevo mandatario, rompió los moldes del lenguaje tradicional y anduvo solo por lugares y pueblos, veredas y ciudades levantando su voz erguida y vibrante y su brazo, haciendo un saludo militar con fe en la patria, sumida entonces en la desgracia de un presidente ambicioso y abusivo de corte socialista.

Así, de esta manera, Abelardo de la Espriella, un nombre que nada decía ni insinuaba políticamente, pero con gran talento, sin acudir a ningún partido político, se hizo elegir como el nuevo mandatario de los colombianos, cargo que asume hoy, vigoroso y creyente en el porvenir, en esta ciudad y en una Universidad de clase media, la Santiago de Cali.

En su derredor estará el Rey Felipe IV de España y muchos jefes de gobierno y de Estado de esta América que entra en la alegría que produce el triunfo pleno de la democracia.

Estuvimos, por lo demás, muy cerca de que los comunistas mañosos y faranduleros, llenos de contratos de la pasada administración y gastando dineros públicos a rodos, obrando además bajo la bandera de la “libertad y la muerte”, que enarboló el señor Petro rompiendo todos los linderos de la honestidad y el engaño. Y por supuesto violando las reiteradas prohibiciones constitucionales y legales de actuar en política activa, como lo hizo el mismo Petro de una manera absolutista.

Vimos crecer en ese mandato malhadado que pasó, la violencia y se llegó hasta el nefando momento en que impusieron lo que finalmente se llamó “el voto-fusil”, que fue la violenta imposición de los bandidos asesinos haciendo votar en serie a pueblos enteros por el camarada Iván Cepeda, hijo de Manuel, al que se puede considerar el fundador de las Farc al lado de su tocayo Manuel Marulanda Vélez, ‘Tirofijo’.

oy pues Colombia asume plenamente la democracia y los demócratas del mundo estamos de regocijo público. No ha sido fácil derrotar a un gobierno absolutista en el que el presidente (Petro), hasta el último instante abusó del poder para su propio beneficio político. La narrativa es larga y un poco complicada. Afortunadamente casi todos sus pasos abusivos e ilegales han llegado para investigación a la justicia legítima de las Cortes. Todo ese enredo con mujeres y contratos y aun con un ministro que se llamó a sí mismo La Marica, huele mal. El estropicio general hiede, como hiede el crimen.

El presidente Abelardo está lleno de buena voluntad y ha escogido con lupa su propio gabinete. Es posible que el Valle del Cauca no haya tenido fortuna y ninguno de sus hijos -o hijas- hubiere sido hasta hoy escogido. Pero hay que advertir que no ha sido por deshonestidad, que nunca ha existido en nuestra tierra, donde nunca se dio un escándalo por abuso del cargo. Empero aquí estamos respaldando al doctor De La Espriella y ayudando con nuestros esfuerzos para que las banderas erguidas y el sentido amor por nuestra patria, salga adelante bajo su providencial acción de gobierno.

Queda pues abierto todo nuestro entusiasmo y con él las ilusiones de que tendremos un gobierno abierto hacia el progreso y la justicia; y algo aún más grato: hacia la paz.