La lengua, ese don divino que nos ha dado a los seres humanos el Dios de los cielos y la madre naturaleza, existe para dialogar y entendernos entre diferentes y no para agredirnos o descalificarnos, como desafortunadamente lo estamos viviendo en Colombia por parte de algunos altos servidores públicos y dirigentes políticos de izquierda, centro o de derecha.
A los promotores de tan absurda política, incluidos algunos medios de comunicación, se les olvida la responsabilidad ética y democrática que tenemos las personas mayores de enseñar siempre con el ejemplo del respeto hacia quienes piensan diferente. Sobre todo, si realmente estamos pensando en los menores de edad y los jóvenes, incluidos nuestros hijos e hijas, debemos reconocer la importancia del diálogo entre diferentes. Es necesario entender que podemos pensar distinto, que afortunadamente no a todos nos gusta lo mismo y que, a pesar de ello, podemos convivir y respetarnos. En la diversidad está la riqueza, como nos lo demuestra la propia naturaleza.
Esa es, en mi opinión, la gran responsabilidad ética que, en la actual coyuntura política y electoral colombiana, tienen tanto el señor presidente de la República y su equipo de Gobierno como los candidatos Abelardo De la Espriella e Iván Cepeda, junto con sus respectivos equipos de campaña, al igual que los medios de comunicación hablados, escritos y digitales.
No olvidemos que Colombia ha tenido una gran tradición democrática de cambiar pacíficamente, mediante el voto popular, a los presidentes de la República y, desde 1992, a los vicepresidentes, sin que por ello se hayan generado grandes conflictos políticos o sociales. Es preciso recordar que en toda elección democrática, ya sea en el ámbito público o privado, siempre existirán ganadores y perdedores, y esa realidad es la que volveremos a vivir en Colombia el próximo domingo 21 de junio.
De modo que, con todo respeto y cariño, le manifiesto al señor Presidente de la República, así como a su actual equipo de Gobierno, que por favor se atemperen y actúen con la prudencia y la compostura que les mandata el sentido común y la Constitución Nacional, a fin de que gane la democracia colombiana. Pero, ante todo, que prevalezca el derecho democrático de la ciudadanía a votar libre y soberanamente por las personas que, según su criterio y convicción, deban ejercer la Presidencia y la Vicepresidencia de la República durante los próximos cuatro años.
Un llamado similar debemos hacerles a los dos candidatos presidenciales, más aún cuando la legislación colombiana establece que quienes ocupen el segundo lugar en la elección presidencial adquieren automáticamente la condición de senador de la República y sus respectivas fórmulas vicepresidenciales obtienen una curul en la Cámara de Representantes. Desde esos cargos en el Congreso de la República pueden ejercer legítimamente funciones de control político y seguimiento a los actos del Gobierno Nacional.
Como en la vida de los seres humanos se enseña más con el ejemplo que con las palabras, solo le pido al Dios de los cielos que ilumine tanto al Presidente de la República como a los dos candidatos a la Presidencia para que, por el bien de Colombia, opten por el camino del desarme de la palabra.