Por: Monseñor Luis Fernando Pérez, obispo auxiliar de Cali.
Un cristiano puede pensar que en la relación con Dios solo importa la vida personal, pero olvida que los demás también son fundamentales en esa relación. Recordemos que en una ocasión le preguntaron a Jesús: “¿Cuál es el mandamiento más importante?”. Su respuesta fue que el mandamiento más importante es amar al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Además, añadió que había otro mandamiento semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Es decir, no podemos pensar que se puede ser cristiano viviendo únicamente una relación vertical con Dios y desconociendo la relación horizontal con el prójimo (cf. Mt 22, 36-40).
Por eso, las lecturas de la liturgia de este domingo nos invitan a reflexionar en que se es cristiano en comunión con los demás; no se concibe a un cristiano aislado ni se puede seguir a Cristo sin tener en cuenta el camino compartido. De ahí que la segunda lectura sea una invitación muy clara a reconocer que con Dios tenemos una deuda que solo se puede pagar desde el amor y amando al prójimo.
Esta es otra muestra de la importancia de los demás en nuestra relación con Dios y en el amor al hermano. El Evangelio de San Mateo se sitúa en lo que se conoce como el Discurso de la Comunidad; por ello, los temas abordados se refieren a la vida del discípulo en comunión. La vida cristiana no se entiende si no es en comunidad; no es posible comprender la salvación al margen de ella.
Los tres aspectos que presenta el Evangelio y que son relevantes para la vida comunitaria son:
La corrección fraterna: Cuando un hermano cae en pecado, estamos llamados a ayudarle a reencontrar el camino del seguimiento a Cristo. Sin embargo, a menudo caemos en dos extremos: o nos entrometemos inadecuadamente en la vida ajena, o nos volvemos indiferentes ante lo que le sucede al otro en su vida cristiana y su vida familiar.
El sacramento del perdón: Cuando nos preocupamos por quien ha caído, le brindamos la oportunidad de acercarse de nuevo al Señor para que, a través del perdón, restablezca sus lazos comunitarios y familiares.
La oración en común: La oración es lo que hace posible que un hermano enderece su camino y se reincorpore a la comunidad. Sin la oración no es posible sanar las relaciones, ya que las solas fuerzas humanas resultan insuficientes.
El Evangelio de San Mateo nos invita a fijar la atención en la comunidad, porque lo que pasa en ella repercute en la persona, y lo que sucede en la persona tiene consecuencias en la comunidad, en la Iglesia y en la sociedad misma.
Empecemos a hacer realidad este Evangelio en nosotros mismos y en nuestras familias. Todo bien que hagamos en favor de cada uno redundará en el beneficio de la Iglesia y de la misma sociedad.