En nuestra historia económica se suele usar la tasa de cambio como un indicador positivo o negativo de la economía. Se asocia mejor desempeño a una tasa de cambio relativamente baja, sin que los exportadores pierdan capacidad competitiva y que reconozca la diferencia entre la inflación local y la internacional y, sobre todo, sin tanta volatilidad. Igualmente, las tasas de cambio bajas suelen asociarse a momentos de la economía con altas tasas de crecimiento, bajos niveles de inflación, llegada de inversión extranjera y mucha confianza.
Lo que vive Colombia hoy parece, entonces, un contrasentido. La tasa de cambio cae significativamente en medio de tasas de crecimiento mediocres y soportadas en excesos de gasto público, caída en la inversión extranjera directa (con el peor dato en inversión/PIB en más de dos décadas), una inflación alta (mayor a la mayoría de países de América Latina) y con riesgo evidente de volver a crecer por medidas de política pública, y mucha más incertidumbre y desconfianza en los mercados por errores en política fiscal y regulatorios.
Lo divertido es que, en medio de esta contradicción, las ‘bodegas’ de Gobierno salen a cobrar la ‘magnífica’ gestión que está generando el resultado tan maravilloso de una tasa de cambio baja.
Olvidan las bodegas algo de bulto. Una tasa de cambio excesivamente baja y tan volátil como la que tenemos está acabando con la economía exportadora. Tiene en severo riesgo de quiebra al sector floricultor, destruye capacidades de generación de nuevos ingresos a 500 mil familias cafeteras, tiene en crisis a cientos de miles de productores y exportadores de fruta (aguacate, palma, banano, mango, entre otros) y afecta a industrias exportadoras en confecciones, medicamentos, equipos eléctricos y químicos. Desconocen las ‘bodegas’ que están en riesgo miles de empleos en esos sectores.
Las ‘bodegas’ deben saber que la baja tasa de cambio responde a razones externas (todos los países emergentes se han fortalecido frente al dólar por razones fiscales, de inflación y crecimiento y de tasas de interés en USA), pero que en el caso colombiano hoy tiene 200 pesos de sobre-revaluación (el dólar está 200 pesos más bajo de lo que debería) y hay dos razones donde el Gobierno es un mal protagonista. Una, siendo condescendiente con la producción de coca, que desborda la generación de divisas mal habidas, y otra el sobre-endeudamiento en dólares. Haber hecho solo el anuncio en el último mes y medio de la llegada de 11.000 millones de dólares por nueva deuda baja la tasa por simple expectativa.
Lo preocupante es que, con el nuevo decreto anti-técnico e indeseado de forzar a los fondos de pensiones a traer parte de las inversiones a Colombia, no solamente destruirán nuestro ahorro pensional y deteriorarán su rentabilidad, sino que forzarán una tasa de cambio falsa y aún más baja.
Dichas ‘bodegas’ y el propio ‘gobierno’ con desatino lo celebrarán, pero cientos de miles de empleados de los exportadores y del turismo, y miles de empresas de esos sectores, sufrirán las consecuencias con quiebras y cierres.
Nunca es bueno inducir una tasa de cambio ficticia y no estructural; nunca se había hecho en un gobierno, y mucho menos cuando ello destruye empresas y empleos.