Salió un sembrador a sembrar y lanzando semillas lo hizo con la esperanza de una tierra buena en la cual diera fruto. Un sembrador generoso que esparce la semillas sin mirar las limitaciones del terreno, un sembrador generoso que espera que la tierra pueda mejorar.
El sembrador generoso es el Padre Celestial, que ha sembrado al momento de crearnos una semilla de amor, bondad y vida en cada uno de nosotros. El sembrador generoso es Jesucristo que nos ha salvado de lo que daña el terreno de nuestra vida y nos sigues salvando de toda la dureza de camino, de espinos que siembran maldad, de piedras que nos hacen enfrentarnos entre nosotros.
El sembrador generoso sigue pasando y con el agua de su Espíritu riega la tierra de nuestra existencia; hoy quiere arar el terreno de nuestra vida con la escucha de la palabra, los sacramentos y la comunidad.
Bendito sea Dios sembrador generoso, que nunca se cansa de nosotros; compartimos la mezcla de todos los terrenos en esta humanidad que nos acompaña, y por la gracia de Dios nos va a transformando en tierra buena para su semilla que siempre sigue regando en el caminar de la Iglesia.
La santísima virgen María Nuestra Señora del Carmen, interceda por nosotros en este peregrinaje de la vida, para ser terreno, renovado para la presencia amorosa de Dios.
Finalicemos bendiciendo a Dios por su generosidad y disponiendo nuestro corazón y nuestra mente para perseverar en la renovación de nuestra vida cristiana que nos hace tierra buena para el Señor.