La incertidumbre reina. Se oye al Presidente en su alocución dominical dándoles confianza a los colombianos sobre el presupuesto y los dineros para la reconstrucción, pero las calles de Cali están aún llenas de escombros y hay 500 familias en carpas a las que, tres meses después, no se les soluciona el problema. Se ve a la gobernadora entregando kit de paredes y techos en todo el departamento, seguramente del presupuesto estirado de la gobernación.
Los fondos privados que sí sabemos que llegaron, dice el Presidente que están seguros en el Fondo Milagro, pero el Chocó, al que él prometió sacarlo de la pobreza y del olvido, está subsistiendo con lo que dio Shakira. Algunas inmobiliarias han regalado unos pocos apartamentos, pero no se sabe con qué criterio, pues son muchos los que perdieron sus viviendas de diferentes estratos sociales y que ahora están viviendo con padres, cuñados y hasta primos y amigos, porque lo que sí hay que decir es que la solidaridad desbordó todas las expectativas.
Los bancos que prometieron ayudar con intereses bajos para reconstrucción solo reciben a un mínimo de clientes que tenían préstamos anteriormente, y aún las personas que tenían seguros contra sismos, si bien en muchos casos han evaluado los daños, la solución es lenta y los damnificados siguen compartiendo vivienda pensando cuánto irá a durar la emergencia.
En algún momento se dijo que los escombros se utilizarían para hacer paredes como lo hizo Alejandro Salazar a principios de siglo, pero ahora no sirven sino para hacer carreteras y las empresas expertas en transformarlos en ladrillos y paredes aún siguen esperando el visto bueno gubernamental. La Gobernación y la Alcaldía, por lo menos en Cali, siguen haciendo lo que pueden. Me consta que ha habido subsidios para mujeres emprendedoras de la gobernación con poca burocracia y siguen entregando mercados que siempre son bienvenidos.
En aras de dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, debo decir que la alocución presidencial del domingo me descrestó hasta llegar al punto ocho. El presidente fue coherente, conciso y claro e hizo lo posible por brindarle una voz de esperanza a los muchos damnificados del terremoto que con paciencia colombiana tratan de sobrevivir en medio de la precariedad y la lluvia. Estaba a punto de pedirle excusas a mi hija y a mi primo excéntricos por mis críticas al Presidente cuando algo ocurrió: la misma persona sensata de hacía unos minutos se convirtió en una figura que parecía haber sido invadida por la inteligencia artificial. ¿Era el mandatario o era un robot? Durante 20 minutos fue “el pobrecito yo”; la víctima del matoneo real o ficticio casi parecía un adolescente en busca de una madre que lo consolara, o que le metiera un pellizco maternal para que se acordara de que él era el presidente. La falta de experiencia en el poder. Igual le pasó a Petro, que nunca dejó de estar en la oposición. Colombia necesita una mujer.