La mar tiene la capacidad de hechizarnos e inspirarnos y curarnos. Su inmensidad donde el ojo humano se pierde y el sonido de sus olas en permanente movimiento, nos acerca a la grandeza del universo, a Dios y el más allá.
Estuve cerca a él hace unos días, al Pacífico y en sus aguas encontré una sensación de bienestar que es difícil de tener en las grandes urbes.
Cada océano tiene su magia, pero el de nuestra Costa Pacífica tiene un encanto distinto, especialmente la gente que habita en sus costas, gente mayormente afrodescendientes o indígenas de distintas culturas que llevan cientos de años conviviendo pacíficamente con la naturaleza. Personas amables y alegres, felices de compartir un saludo con extraños y turistas que llegamos a disfrutar de sus playas y de la selva que es exuberante y llena de vida.
En la mar he tenido la oportunidad de amar, jugar con mis hijos, bucear y navegar impulsado por los vientos y las corrientes que me han llevado a conocer lugares inimaginables y a conocer algo de mí mismo.
En sus profundidades he compartido con la vida subacuática que está llena de seres maravillosos, tiburones, ballenas, delfines, mantarrayas y diferentes peces y crustáceos que se mueven libremente por sus aguas.
A esa nuestra mar que constituye el 70 % de nuestro planeta, es alimentada por los ríos que llevan sus aguas y desbocan con toda su carga orgánica, pero también con mucha de la basura que nuestra especie produce en su afán de consumo.
Ahora soy de montañas y bosques donde también encuentro una conexión con el misterio y la grandeza del universo, donde habitan especies de flora y fauna que ayudan a conservar el equilibrio de los ecosistemas.
De esta conexión con lo sagrado nace mi sensibilidad ambiental y el querer proteger la vida y los recursos naturales, no entiendo por qué queremos perturbar la tranquilidad de los bosques y los sitios sagrados con el ruido de los deportes extremos como las motos de alto cilindraje todo terreno o enduro, las motosierras y la minería legal e ilegal.
Esa conexión de las montañas, los ríos y la mar es importante conocerla y conservarla, esa comunicación es vital para la supervivencia de todas las especies… Los mares comienzan en las montañas.
Tengamos en cuenta que esos cambios extremos del clima que estamos viendo en estas épocas es en gran parte causados por nuestra ambición desmedida.
Yo Miguel Calero más conocido como Miky, elijo prácticas que me comprometen a dejar una menor huella de carbono. Menos consumo de productos desechables, elijo reutilizar, compostar, reciclar, reforestar, y mantener activa mi voz y hacer de mi palabra y mi letra fuentes de inspiración para despertar más conciencia y amor por la tierra.