Abelardo De la Espriella ganó la segunda vuelta. Iván Cepeda perdió por menos de un punto. Hubo ganador, hubo perdedor, hubo una ciudadanía que habló en las urnas. En democracia, el resultado se reconoce. Punto.

Pero reconocer obliga a mirar de cerca. No importa solo cuántos votaron, sino saber en qué condiciones votaron, particularmente en ciertos territorios donde el Estado le pide permiso al miedo, a la extorsión, a la coca y a la minería ilegal. En estos municipios, hacer política, denunciar, organizarse u opinar no ocurre en condiciones normales. Esto abre una inquietante pregunta: ¿puede la presión criminal inclinar una elección? Con las cifras en la mano, la respuesta es no. Todavía no. Y ese ‘todavía’ es el problema.

Para entenderlo, los municipios de Colombia pueden ordenarse en cuatro categorías de riesgo: según homicidio, extorsión, secuestro, terrorismo, ataques a la Fuerza Pública, debilidad estatal y presión territorial. Cruzado con el resultado, las categorías extremas —los municipios más seguros y los más violentos— dicen bajo qué ambiente se ejerció el voto.

En la categoría de municipios más seguros, De la Espriella ganó 205 municipios y Cepeda 67. Donde casi no hay presión criminal, la derecha arrasó: Cogua, Lenguazaque y Fúquene en Cundinamarca; Úmbita, Miraflores y Monguí en Boyacá; Aratoca y Zapatoca en Santander; Gramalote en Norte de Santander; Chámeza en Casanare. Y aun allí, Cepeda rondó el 42 %. La izquierda colombiana tiene base propia. No depende de la coca ni del fusil.

En los 273 municipios de alto riesgo, la votación se divide: 144 para Cepeda, 129 para De la Espriella. Además, Tibú, 59,5 %. Ocaña, 69,8 %. Tame, 60,2 %. Villavicencio, 60,8 %. San José del Guaviare, 53,4 %. Décadas de narcotráfico encima, y votaron por la derecha. Cúcuta le dio a De la Espriella el 80,1 %; Villa del Rosario, el 85,4 %. Cali le dio a Cepeda el 60,6 %; Barrancabermeja, el 64,4 %: ciudades grandes, voto que se discute, izquierda con tradición sindical propia.

No todo lo que votó por Cepeda votó bajo coacción, y decirlo sería una calumnia. Sin embargo, en el Cauca y el Chocó el resultado deja de parecer una elección. Timbiquí, 97,1 %. Jambaló, 96,6 %. Guapi, 93,2 %. Toribío, 93,0 %, y en 43 de 44 municipios de Chocó, Cauca y Valle, Cepeda pasó del 80 %. En algunas mesas sacó el 100 %: ni un voto nulo, ni un blanco, ni un voto para el rival. Hay un segundo indicio: cuánto creció en tres semanas. En Campamento, Cepeda pasó de 426 votos a 2136. En Angostura, de 559 a 1907. En Anorí, de 1275 a 3849.

La criminalidad no ganó esta elección. Hoy no le alcanza para una presidencia. Pero alerta que el poder no siempre se toma desde arriba. El alcalde y el gobernador son la primera autoridad que el ciudadano ve, la mano del Estado que toca el suelo. Si esa autoridad la elige quien empuña el fusil, la república cae en silencio, municipio por municipio. Entonces, la pregunta no es quién ganó el domingo, sino cuántos colombianos votarán en 2027 bajo un aire que no eligieron.